El Fondo Monetario Internacional (FMI) sigue de cerca la evolución de las cuentas públicas argentinas y encendió una señal de alerta por la fuerte caída de la recaudación impositiva en octubre, que pone en riesgo la estabilidad fiscal y el cumplimiento de uno de los compromisos informales del acuerdo vigente con el organismo.
El programa de Facilidades Extendidas, firmado en abril, contempla tres metas principales: mantener un superávit fiscal primario, evitar la emisión monetaria y fortalecer las reservas internacionales del Banco Central. Aunque las dos primeras se cumplirían según lo previsto, la tercera requerirá una dispensa (waiver) por no alcanzar el objetivo de acumulación de más de US$ 6.000 millones.
Sin embargo, el Fondo también observa una “cuarta meta” no escrita, vinculada al crecimiento real de la recaudación, que debe evolucionar por encima de la inflación. La caída registrada en octubre rompe esa tendencia y genera preocupación tanto en el Gobierno como en el organismo.

Una recaudación en retroceso
De acuerdo con los datos de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), los ingresos tributarios alcanzaron en octubre $16,1 billones, con una variación interanual nominal del 26,5%. Según estimaciones del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), esto equivale a una pérdida real de $610.000 millones frente al mismo mes del año pasado, lo que representa el mayor retroceso fiscal desde 2017.
La caída se explica principalmente por la eliminación del impuesto PAIS, que redujo los ingresos en aproximadamente $517.000 millones, y por la suspensión de los derechos de exportación aplicados al sector agropecuario, con un impacto adicional de $500.000 millones.
También se registraron descensos en otros tributos, como Bienes Personales (-$204.000 millones) e Impuestos Internos (-$26.000 millones), afectados por la baja de alícuotas. En conjunto, cinco de los once grandes rubros impositivos tuvieron caídas que no lograron ser compensadas por los restantes.
Los tributos que crecieron
Pese al retroceso general, algunos impuestos mostraron un comportamiento favorable. Los derechos de importación aportaron $245.000 millones adicionales, impulsados por la suba de precios de bienes externos. También mejoró la recaudación del impuesto al cheque, con $94.000 millones más, y del impuesto a los combustibles, que sumó $91.000 millones.
Sin embargo, estas mejoras no alcanzaron para compensar la pérdida provocada por la eliminación de tributos claves para el equilibrio fiscal.
Impacto en las cuentas públicas
La recaudación de derechos de exportación se desplomó un 66% interanual en términos reales, alcanzando su nivel más bajo para un mes de octubre desde su reimplantación en 2002. Incluso, se ubicó 17% por debajo del segundo registro más bajo, ocurrido en 2017.
Este resultado compromete la capacidad del Estado para sostener el equilibrio fiscal primario y tensiona la relación con el FMI, que evalúa mes a mes la sostenibilidad de las metas del programa.
Si bien el Gobierno sostiene que el recorte de impuestos busca estimular la producción y la inversión exportadora, el efecto inmediato ha sido una merma sustancial de recursos fiscales, lo que pone en duda la capacidad de cumplir con la “cuarta meta” del Fondo: mantener ingresos reales en crecimiento.
