El mercado cambiario argentino inició el año con un nuevo esquema de flotación administrada, que modificó la forma en que se ajustan los límites del dólar oficial. La medida, impulsada por el Gobierno nacional, buscó ordenar el frente externo y reforzar la acumulación de reservas, en un contexto de atención sobre la inflación y las expectativas del mercado.
El cambio central fue que el techo y el piso de la banda cambiaria dejaron de ajustarse a un ritmo fijo mensual y pasaron a actualizarse según la inflación, con un rezago de dos meses. De esta manera, el esquema comenzó a tomar como referencia los datos oficiales del INDEC, lo que alteró la dinámica previa del mercado de cambios.

El Banco Central habilitó además un programa de compras de divisas, aun cuando el tipo de cambio no se acerque al piso de la banda. La autoridad monetaria limitó su intervención diaria para evitar distorsiones, con el objetivo de acumular reservas de manera gradual y acompañar la demanda de dinero.
Analistas del mercado señalaron que el esquema permitió mayor margen de acción oficial, aunque advirtieron que la indexación por inflación pasada puede generar tensiones en la formación de tasas y en los plazos a tasa fija. Un informe del IERAL indicó que el régimen continuó siendo transitorio y mantuvo restricciones que condicionaron la inversión.
Desde el sector financiero coincidieron en que no se esperaron movimientos bruscos del dólar en el corto plazo, pero remarcaron que el foco del programa económico pasó de la desinflación acelerada a la acumulación de reservas. En ese marco, el mercado comenzó a recalcular escenarios de inflación, tasas y posicionamiento en instrumentos en pesos para los próximos meses.



