La industria vitivinícola atraviesa un momento crítico, con consumo interno en mínimos históricos y ventas externas en retroceso. En 2025, la demanda per cápita volvió a caer y quedó muy lejos de los niveles registrados hace dos décadas, lo que encendió las alarmas en toda la cadena productiva.
El mercado local mostró una baja general, especialmente en los segmentos más económicos, mientras que el vino embotellado logró sostenerse. En el frente internacional, las exportaciones también retrocedieron, con fuerte impacto en el vino a granel. Solo el mosto concentrado mostró señales de recuperación.

La crisis ya tiene consecuencias estructurales: en la última década se redujo la superficie cultivada y muchos productores abandonaron la actividad por la falta de rentabilidad. Ante este panorama, el sector descarta la erradicación masiva de viñedos y apuesta a diversificar el destino de la uva, con mayor desarrollo de pasa, fresco y mosto.
Entre las propuestas para revertir la situación se destaca el impulso a una ley de edulcoración con jugos naturales, que podría aumentar la demanda interna, junto con mayor acceso al crédito y mejoras en sostenibilidad. Además, la industria busca adaptarse a los nuevos hábitos con vinos más suaves, de menor alcohol y opciones sin alcohol para atraer a nuevos consumidores.



