La escalada bélica en Medio Oriente volvió a sacudir los mercados energéticos y empujó al alza el precio del crudo. Un conflicto geopolítico a miles de kilómetros impacta ahora de lleno en la economía argentina y, en particular, en provincias productoras como Mendoza.
El escenario presenta una paradoja clara: más ingresos por exportaciones y regalías, pero al mismo tiempo mayor presión sobre los precios internos y la inflación.
Más dólares para la Argentina
Con el barril en alza, el país mejora su balanza comercial. Se estima que por cada 10 dólares que sube el precio del crudo, la Argentina podría sumar alrededor de US$ 1.300 millones anuales adicionales.
Actualmente, el país produce cerca de 860.000 barriles diarios y exporta unos 300.000. Con el Brent rondando los 80 dólares —tras un fuerte incremento en lo que va del año— el complejo energético se consolida como uno de los principales generadores de divisas.

El año pasado el sector logró un superávit cercano a los US$ 5.000 millones, revirtiendo años de déficit. Si la tendencia alcista se mantiene, el ingreso extra podría ubicarse entre US$ 3.200 y US$ 4.000 millones anuales.
Sin embargo, el beneficio externo tiene su contracara: el traslado a precios internos. Si el valor internacional del crudo continúa en ascenso, el impacto podría sentirse en los surtidores y, en consecuencia, en la inflación.
Mendoza: más regalías y actividad
Para Mendoza, provincia con tradición petrolera y participación en la cuenca neuquina, el nuevo escenario representa una ventana de oportunidad.
Un petróleo más caro implica:
Mayor recaudación por regalías para las arcas provinciales.
Incentivos para sostener inversiones en pozos maduros y no convencionales.
Crecimiento en la demanda de servicios petroleros y empleo asociado.
En un contexto donde el 20% del petróleo mundial transita por el Estrecho de Ormuz, la estabilidad relativa de la Argentina la posiciona como proveedor confiable frente a compradores que buscan diversificar riesgos.
El cuello de botella: infraestructura
El potencial, no obstante, enfrenta límites estructurales. La capacidad de transporte y exportación aún es insuficiente. Proyectos como el oleoducto VMOS, que conectará Vaca Muerta con Río Negro, permitirán ampliar el flujo exportador hacia fin de año con una capacidad inicial de 180.000 barriles diarios.
En gas, el panorama es todavía más volátil. La suba del GNL tras la interrupción de operaciones en Qatar abre oportunidades para la Argentina, que apunta a consolidarse como proveedor hacia 2027.
Seguridad jurídica y reglas claras
Especialistas coinciden en que para capitalizar este “viento de cola” externo es clave sostener marcos como el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), que busca garantizar previsibilidad a largo plazo. Sin estabilidad normativa, advierten, será difícil atraer el capital necesario para expandir la producción.
Además, el país explora la diversificación energética con proyectos nucleares de pequeña escala, como forma de reducir la dependencia de los combustibles fósiles.
Oportunidad y riesgo
La guerra en Medio Oriente dejó en evidencia la fragilidad de la logística energética global. En ese tablero convulsionado, la Argentina —y Mendoza— aparecen como actores con potencial estratégico.
Pero el desafío es doble: aprovechar el ingreso extraordinario de divisas sin que el aumento del crudo se traduzca en un golpe al bolsillo de los argentinos.
El petróleo caro puede ser una oportunidad histórica o un nuevo factor de tensión macroeconómica. Todo dependerá de cómo se gestione esta coyuntura excepcional.
