La deuda de los argentinos con tarjetas de crédito volvió a crecer en marzo y alcanzó su nivel más alto en tres años, según reveló un informe reciente del Banco Central de la República Argentina (BCRA). En paralelo, la morosidad en préstamos personales superó el 4%, lo que representa el registro más elevado en los últimos nueve meses.
El informe también refleja una tendencia creciente de incumplimiento en el sistema financiero: la irregularidad del crédito al sector privado subió al 2% en marzo, encadenando cuatro meses consecutivos de aumentos. Las carteras de los bancos públicos y privados presentaron niveles de mora que oscilan entre el 1,7% y el 2,1%.

El crédito, un salvavidas para los gastos básicos
La Asociación de Bancos Argentinos (ADEBA) respaldó los datos del Central, advirtiendo que cada vez más familias recurren al crédito para cubrir gastos esenciales, especialmente en contextos de alta inflación y pérdida de poder adquisitivo.
Según un estudio del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE), el 58% de las deudas con tarjeta de crédito se destina a la compra de alimentos, lo que evidencia el uso del financiamiento como herramienta para sostener el consumo básico. Esto refleja una situación de endeudamiento estructural en los sectores de ingresos medios y bajos, que enfrentan mayores dificultades para hacer frente a sus obligaciones.
Hogares endeudados: más deuda, menos ingresos disponibles
El trabajo del IETSE también revela que:
El 15% de los hogares tomó nuevas deudas en lo que va del año.
El 12% ya arrastraba pasivos desde 2023 o antes.
El 65% de los hogares mantiene entre dos y tres deudas activas, mientras que un 12% ya acumula más de tres.
Pero el dato más alarmante es que el 56% de los hogares destina entre el 40% y el 60% o más de sus ingresos mensuales al pago de deudas, lo que supone una presión creciente sobre la capacidad de consumo y ahorro de las familias argentinas.

Costos financieros por encima del 100%
A pesar del contexto recesivo, algunas entidades financieras aún mantienen costos financieros totales (CFT) por encima del 100%, lo que agrava el ciclo de endeudamiento, especialmente en los sectores que no tienen acceso al crédito formal o deben recurrir a opciones con tasas elevadas.
En síntesis, el crédito, lejos de funcionar como palanca para el consumo planificado, se convierte cada vez más en una estrategia de supervivencia económica, con consecuencias preocupantes en términos de sostenibilidad financiera y bienestar social.
