El mercado de metales preciosos sigue mostrando un fuerte interés por parte de los bancos centrales, que en enero registraron compras netas por 18 toneladas. Este comportamiento se alinea con la estrategia adoptada en los últimos años, en la que la acumulación de oro se ha consolidado como una respuesta a la incertidumbre geopolítica y a las fluctuaciones en los mercados financieros.
El precio del oro ha mantenido una tendencia alcista, impulsado por factores como la inestabilidad económica global, las tensiones comerciales y las variaciones en la cotización del dólar. La onza del metal precioso ha vuelto a superar los 3.000 dólares, reflejando la creciente demanda y su papel como activo de refugio en tiempos de volatilidad. En este contexto, tanto los bancos centrales como los fondos de inversión han reforzado sus posiciones, contribuyendo a la valorización del metal.

En enero, los países emergentes se posicionaron como los principales compradores de oro. Uzbekistán lideró la adquisición con 8 toneladas adicionales, lo que elevó sus reservas a 391 toneladas, representando el 82% de sus reservas internacionales. China, por su parte, continuó con su tendencia de acumulación por tercer mes consecutivo, incorporando 5 toneladas más y alcanzando un total de 2.285 toneladas, equivalentes al 6% de sus reservas totales. Kazajstán también reforzó su stock con 4 toneladas adicionales, en línea con su estrategia de diversificación de activos para fortalecer la economía frente a posibles shocks externos.
Otros bancos centrales que realizaron compras en el primer mes del año fueron el de Polonia y el de la India, con 3 toneladas cada uno, seguidos por el Banco Nacional Checo, que sumó 2 toneladas, y el Banco Central de Qatar, que adquirió 1 tonelada. No obstante, algunas instituciones optaron por reducir sus reservas, como el Banco Central de Rusia y el de Jordania, que vendieron 3 toneladas cada uno, y el Banco Nacional de la República Kirguisa, que disminuyó su stock en 2 toneladas.

El comportamiento de los bancos centrales en el mercado del oro sigue siendo un factor determinante en la demanda global. A lo largo de los últimos años, la acumulación estratégica de este metal ha sido impulsada por el deseo de mitigar riesgos asociados a conflictos económicos y políticos. Desde 2022, se ha observado un patrón en el que muchas entidades han aprovechado correcciones temporales en los precios para incrementar sus reservas, mientras que las ventas se han mantenido en niveles limitados y estratégicos.
El panorama actual sugiere que el oro continuará desempeñando un papel clave en la configuración de las reservas internacionales, consolidándose como un activo de referencia en la gestión del riesgo financiero global.



