Las intensas lluvias de los últimos días alteraron el panorama en la zona núcleo del agro argentino, que comprende el norte de Buenos Aires, el sur de Santa Fe y el sudeste de Córdoba. Si bien los suelos venían con buenos niveles de humedad, el exceso de agua derivó en inundaciones que afectan tanto a los cultivos como a la actividad ganadera.
En el caso de la cosecha fina, los cultivos de invierno como trigo y cebada encuentran en las precipitaciones un aliado para el desarrollo de las plantas y la productividad de los campos. Para esta campaña, se estima una producción de 20 millones de toneladas de trigo, con un saldo exportable cercano a los 11 millones, principalmente hacia Brasil. La decisión oficial de mantener en 9,5% las retenciones impulsó la siembra y permitió sumar alrededor de 400.000 hectáreas adicionales.

El panorama es distinto para maíz y soja. En el cereal amarillo, aún resta finalizar la cosecha 2024/25, que ya supera el 97% del área, pero las lluvias complican la recolección en los lotes pendientes. Al mismo tiempo, comienza la siembra temprana de la nueva campaña, mientras que para la soja habrá que esperar más de un mes. En ambos casos, los anegamientos representan un riesgo para el arranque del ciclo.
En el sector ganadero, las precipitaciones intensas también generan preocupación. El exceso de agua limita la movilidad en los campos, retrasa el traslado de hacienda y obliga a muchos productores a analizar el recurso al encierre en feedlots. Al 1 de septiembre, había 1,98 millones de cabezas en corrales de engorde, con capacidad para crecer, aunque la oferta de animales muestra un retroceso por razones de mercado y el peso de las altas tasas de interés.
La situación confirma que el clima sigue siendo un factor decisivo para el agro: mientras que en trigo asegura una campaña con buenos rindes, en soja, maíz y ganadería amenaza con restar productividad y complicar los sistemas de producción.
