En 2025, Radiohead celebrará el 30º aniversario de The Bends, el disco que marcó un antes y un después en su carrera y que los llevó de ser los creadores de un “one-hit wonder” a una de las bandas más icónicas de su tiempo. Lanzado el 13 de marzo de 1995, este segundo álbum permitió a los de Oxford redefinir su sonido y establecer su identidad artística en una época dominada por el britpop.
Tras el éxito inesperado y abrumador de “Creep”, Radiohead se enfrentaba a un dilema existencial: escapar de la sombra de su propio éxito. Con su primer disco, Pablo Honey, ya consolidado, la banda sabía que necesitaba más que un golpe de suerte para demostrar su verdadero potencial. The Bends fue su respuesta: un trabajo que conjugaba emociones crudas, letras introspectivas y una exploración sonora que se apartaba de las tendencias más ligeras de sus contemporáneos.
El proceso de grabación de The Bends estuvo marcado por la tensión y la obsesividad. La banda trabajó con el productor John Leckie en los estudios RAK de Londres, y fue durante esas sesiones cuando comenzó su colaboración con Nigel Godrich, quien luego se convertiría en un colaborador fundamental. Thom Yorke, el vocalista, dedicó interminables horas al piano y perfeccionó cada detalle de las composiciones. La atmósfera en el estudio era intensa, pero el resultado fue un disco cargado de innovación y autenticidad.
El disco abre con “Planet Telex”, una canción que muestra los zumbidos electrónicos y las capas de sonido que se volverían características del grupo. Cada pista refleja la evolución musical de la banda, desde la fuerza de “Just”, con su competición interna entre Yorke y Jonny Greenwood para usar tantos acordes como fuera posible, hasta la delicadeza de “Fake Plastic Trees”, una balada que se gestó tras una noche inspiradora viendo a Jeff Buckley en vivo.
El álbum también incluye “High and Dry”, una canción que la banda inicialmente despreció pero que se convirtió en uno de los sencillos más populares del disco. Sin embargo, es “Street Spirit (Fade Out)”, el tema que cierra el álbum, el que captura de manera magistral el sentimiento de desesperanza y belleza que recorre todo The Bends. Yorke describió esta canción como “mirar al demonio directamente a los ojos”.
Lanzado en plena efervescencia del britpop, The Bends se diferenció de bandas como Oasis y Blur al abrazar una estética mucho más introspectiva y melancólica. En lugar de celebrar el optimismo hedonista de la época, Radiohead se inspiró en influencias estadounidenses como R.E.M. y Pixies, y desafió las convenciones del rock británico con letras profundas y arreglos complejos. Este contraste marcó un punto de inflexión que los alejó de las etiquetas y los colocó en su propio camino hacia la grandeza.
En retrospectiva, The Bends es mucho más que un disco de transición. Es una declaración de intenciones, una prueba de que Radiohead podía reinventarse y trascender las expectativas. Con canciones que van desde la crudeza emocional hasta la sofisticación musical, el álbum no solo consolidó su reputación, sino que también estableció las bases para sus futuros experimentos.
30 años después, The Bends sigue siendo un testimonio de la capacidad de Radiohead para desafiarse a sí mismos y superar las limitaciones impuestas por la industria musical. A medida que celebramos este hito, es imposible no reconocer su impacto perdurable y su relevancia en el panorama de la música actual. Es un disco que no solo definió una época, sino que también ayudó a moldear el futuro del rock.



