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EFEMÉRIDES

A 52 años del nacimiento de Rodrigo: la leyenda del cuarteto sigue viva

A más de dos décadas de su partida, el Potro sigue marcando el ritmo de cada fiesta y vive en la cultura popular argentina.

rodrigo

Rodrigo Alejandro Bueno nació un 24 de mayo de 1973 en Córdoba Capital. Su historia parece trazada por el vértigo: desde niño estuvo cerca de los grandes del cuarteto, con una primera aparición pública a los dos años de edad en el programa Fiesta del Cuarteto, de la mano de Carlitos “La Mona” Jiménez. A los 11 ya cantaba ante miles con el grupo Chébere, y a los 17 lanzó su primer disco como solista. A los 20 ya era una figura de la música popular argentina.

Con una mezcla de carisma inigualable y una potencia escénica que lo volvió inolvidable, Rodrigo fue escalando sin freno. Su disco Lo Mejor del Amor (1996), bajo el sello Magenta, terminó de consolidar su popularidad en todo el país. Después vendrían giras, presentaciones multitudinarias, discos de oro, premios y hasta trece Luna Park repletos. El cuarteto, un género que tradicionalmente había tenido fuerte arraigo regional, encontró en El Potro un embajador imparable.

rodrigo
 

Su conexión con el público fue tan intensa como su ritmo de vida. En su música convivían el romanticismo y la fiesta, el drama y la euforia. Versionó a artistas como Chayanne y Franco De Vita, pero también compuso himnos propios como Soy cordobés, Lo mejor del amor, Ocho cuarenta, Y voló, voló, y La mano de Dios, que dedicó a su ídolo Diego Maradona, a quien llegó a conocer en persona.

Rodrigo murió en un trágico accidente el 24 de junio del 2000, apenas un mes después de haber cumplido 27 años, en la cima absoluta de su carrera. El país entero lo lloró. Su funeral fue multitudinario, y desde entonces se convirtió en mito. Su imagen quedó grabada como símbolo de pasión, desborde, alegría y también de una juventud truncada.

Rodrigo no solo dejó canciones inolvidables: dejó también un legado de pasión, entrega y amor por su gente. Su historia, marcada por luces y sombras, por la gloria y la tragedia, sigue latiendo en cada rincón del país donde su voz vuelve a sonar. Porque Rodrigo no murió aquella noche de junio: Rodrigo vive en cada fiesta, en cada abrazo compartido, en cada corazón que se enciende al ritmo del cuarteto. El Potro fue único, y su fuego, ese que encendía multitudes, sigue ardiendo. Hoy, en el día en que cumpliría 52 años, lo recordamos no solo como el ídolo que fue, sino como el hijo del pueblo que supo devolverle alegría, incluso en sus horas más difíciles.

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