El reciente estreno de la adaptación de Frankenstein dirigida por Guillermo del Toro en Netflix ha vuelto a poner en el centro del debate la influencia de Mary Shelley en la cultura contemporánea. Sin embargo, pocos seguidores del universo de los superhéroes conocen que el Increíble Hulk es, en realidad, un homenaje directo a este ícono del terror. Desde su aparición en 1964, el personaje de Bruce Banner plantea el dilema existencial de ser "hombre o monstruo", una dualidad que Stan Lee y Jack Kirby extrajeron de la literatura gótica para fundar las bases del primer antihéroe de Marvel.
La relación entre ambas figuras se manifiesta no solo en la esencia trágica de ser incomprendidos por el mundo, sino también en su estética visual. En los primeros bocetos, Kirby dotó a Hulk de una cabeza cuadrada, frente amplia y mejillas hundidas, rasgos que emulan la caracterización de Boris Karloff en el film de 1931. Incluso la piel grisácea original del gigante hacía referencia a la imagen en blanco y negro de los monstruos de la Universal, antes de que los problemas de impresión en la época obligaran a los editores a adoptar el color verde definitivo.
Además de la influencia de Shelley, Hulk incorpora elementos fundamentales de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson, profundizando en la división de la psique humana. Esta amalgama de referencias permite que el personaje trascienda el género de acción y se posicione como una criatura que, pese a su fuerza destructiva, posee un corazón bondadoso que es constantemente acosado por el sistema. Con el resurgimiento de las historias de monstruos en la pantalla grande, el legado de Lee y Kirby recobra vigencia al recordar que los héroes más complejos de la actualidad tienen sus raíces en los clásicos del siglo XIX.



