El sombrero cónico es el elemento más perdurable de la figura de la bruja, estando presente desde El maravilloso mago de Oz hasta la película Wicked: Parte II, que llegó a los cines esta semana. Históricamente, estos sombreros altos se utilizaron como instrumento de persecución y de identificación forzada para quienes profesaban creencias contrarias a la doctrina cristiana. La prenda tiene orígenes antiguos, datando de los majestuosos tocados dorados de la Edad de Bronce, que simbolizaban conocimiento y poder divinos entre los sacerdotes.

El uso del capirote se intensificó durante la Inquisición española, iniciada en 1478. En ese periodo, los acusados de herejía fueron obligados a usar gorros o capuchas altos y puntiagudos llamados capirotes o corozas. Siglos después, el artista Francisco Goya hizo referencia a la coroza en su pintura Vuelo de brujas (1798), una obra que se cree una crítica satírica a la ignorancia y la superstición. Otras teorías sostienen que el origen está en las cerveceras de la Edad Media, quienes usaban sombreros puntiagudos y poseían un conocimiento de herboristería, reforzando la conexión con el caldero.

La asociación del sombrero puntiagudo con la maldad fue un motivo posterior, que surgió en cuentos de hadas y obras de arte entre los siglos XVIII y XIX. Aunque la representación más antigua conocida data de 1693, historiadores como Laura Kounine sostienen que el sombrero era simplemente un artículo de moda en el siglo XVII. Hoy, el feminismo animó a las mujeres a reivindicar la figura de la bruja como un símbolo de empoderamiento personal y lucha contra la misoginia. El diseñador de vestuario de Wicked reinterpretó el tocado para la película de 2025, contribuyendo a suavizar la imagen intimidante que recibió el sombrero a través de siglos de mitología.



