La segunda temporada de The Last of Us entró en una zona oscura con su quinto capítulo, estrenado este domingo en Max. Aunque la acción avanza a fuego lento, dos momentos lo cambian todo: por un lado, la reaparición del contagio por esporas, una amenaza más escalofriante que nunca; por el otro, el regreso del odio visceral de Ellie, que está cada vez más cerca de Nora... y de Abby. Mientras la guerra entre los Lobos y los Serafitas hace estragos, el capítulo deja claro que la protagonista ya no tiene paciencia: solo quiere venganza.
La primera secuencia, ambientada en los sótanos de un hospital, retoma el terror puro con el hallazgo de infectados en un sector clausurado. La escena confirma lo que temían: el Cordyceps mutó y ahora flota en el aire. Mientras tanto, Ellie y Dina siguen su ruta en busca de Nora. Entre tensión, recuerdos dolorosos y acechadores que las emboscan en un edificio “prohibido”, reaparece Jesse, el padre del bebé de Dina, para rescatarlas. La escena de acción es brutal y revela un dato clave: los militares evitan ciertas zonas porque el enemigo ya no es solo humano ni se mueve por tierra.
El momento más fuerte llega cuando Ellie logra colarse en el hospital donde trabaja Nora. La confrontación entre ambas es inevitable y se produce en medio de una nube densa de esporas. Allí, mientras Nora agoniza, revela el secreto de Joel: mató al único médico capaz de crear una cura usando la inmunidad de Ellie. Pero ya es tarde. La protagonista, consumida por la rabia, la tortura para obtener información sobre Abby. El capítulo termina con una escena desconcertante: Ellie se despierta limpia y segura, saludando a Joel. ¿Fue un sueño, un flashback o algo más? La venganza está en marcha, pero el costo emocional es cada vez más alto, y el verdadero enemigo sigue creciendo en las sombras.



