Entre el sarcasmo, la anécdota y el fastidio, Martin Scorsese se aleja por un momento del cine de gangsters y las superproducciones para dirigir Supongamos que Nueva York es una ciudad, una serie que combina documental, comedia y entrevistas en un recorrido único por los rincones más irritantes y entrañables de la Gran Manzana. Los seis episodios, disponibles en Netflix, son protagonizados por su amiga Fran Lebowitz, escritora y comediante célebre por su humor ácido y su eterna insatisfacción con todo.
Lebowitz, lesbiana, judía y auténtica cascarrabias neoyorquina, se despacha en cada capítulo con sus opiniones sobre el caos urbano, las redes sociales, los turistas de Times Square, el yoga, los taxis parlantes y la imposibilidad de encontrar un buen lugar para vivir. Scorsese, desde un costado, ríe sin parar y oficia de cómplice en este recorrido por una Nueva York que extraña los años 70, cuando, según Fran, la ciudad era más hostil, pero también más auténtica.

La serie alterna imágenes actuales con archivos, fragmentos históricos y paseos por los barrios más emblemáticos de Manhattan. Lebowitz también recuerda su llegada a Nueva York con apenas 200 dólares, su paso como taxista, sus primeros trabajos vendiendo cinturones y su salto al mundo editorial de la mano de Andy Warhol. Todo atravesado por la ironía y la observación filosa que la convierten en una de las voces más originales y entretenidas de la ciudad.



