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PELÍCULAS

La icónica comedia romántica de los 90 que en realidad es un remake de un clásico del cine

Aunque muchos la consideran un referente del género, pocos saben que "Tienes un e-mail" es una adaptación moderna de una película de los años 40. Te contamos su historia y las diferencias con la original.

tienes un e mail

Las comedias románticas han sido un pilar del cine, y algunas de ellas se han convertido en verdaderos clásicos con el paso del tiempo. Un ejemplo de ello es "Tienes un e-mail" (1998), la icónica película protagonizada por Meg Ryan y Tom Hanks, que enamoró a toda una generación con su historia de amor en la era digital. Sin embargo, lo que muchos desconocen es que esta entrañable historia no es completamente original, sino que es un remake de una película de 1940 llamada “El bazar de las sorpresas” (The Shop Around the Corner).

Dirigida por Ernst Lubitsch, El bazar de las sorpresas nos transporta a una tienda en Budapest, donde dos empleados que no se soportan en el día a día comienzan, sin saberlo, un tierno romance por correspondencia. Con el tiempo, la historia se convirtió en una de las comedias románticas más queridas del cine clásico. Nora Ephron, directora de Tienes un e-mail, tomó esta premisa y la adaptó a los tiempos modernos, trasladando el intercambio de cartas a la era del correo electrónico y ubicando la historia en la vibrante Nueva York de los años 90.

Al ver ambas películas, resulta inevitable notar que son, en esencia, la misma historia situada en distintas épocas y contextos sociales. Un momento clave donde esto se percibe con claridad es la escena del café: es literalmente la misma en ambas películas, y emociona darse cuenta de cómo la versión de los 90 busca mantener viva en el tiempo la magia de la original. Porque sin importar el momento histórico, los enamorados sobreviven mediante palabras de amor, ya sea a través de cartas o correos electrónicos. 

Más allá de la historia de amor, El bazar de las sorpresas destaca por momentos profundamente emotivos. Hay líneas de diálogo que golpean directo en el corazón, como cuando el dueño de la tienda, al descubrir la infidelidad de su esposa, dice con resignación: "Hace 22 años que estoy orgulloso de mi mujer, supongo que decidió no envejecer conmigo", una de las frases más tristes que se han dicho en el cine. También es imposible no conmoverse cuando James Stewart, con su ternura inigualable, dice que el mejor regalo que puede recibir un hombre es una billetera, porque ahí puede guardar la foto de su mujer y su última carta.

En su esencia más pura, El bazar de las sorpresas entiende que el amor no es ruidoso, extravagante o apasionado en el sentido más cinematográfico del término. Es encontrar a alguien con quien hablar de los libros que lees, o de las películas que viste. Y esa idea, 85 años después, sigue siendo tan vigente como siempre.

Si bien ambas películas comparten la esencia de un amor nacido a través de la escritura, cada una tiene su propio encanto y un enfoque particular. Mientras que la versión de 1940 mantiene la elegancia y el humor del cine clásico, la adaptación de los 90 aprovechó el auge de Internet para darle un giro más contemporáneo y cercano a la audiencia de la época. Pese a las diferencias, ambas son consideradas joyas del género y siguen cautivando al público con su romántica premisa.

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