Con 287 minutos de duración, El tríptico de Mondongo es una nueva prueba del cine expansivo de Mariano Llinás. Dividido en tres partes—Mondongo: El equilibrista, Retrato de Mondongo y Kunst der farbe—, el film comienza como un documental sobre el dúo de artistas plásticos Mondongo, pero con el correr de los minutos se transforma en algo completamente diferente. Lo que debía ser un registro sobre la creación de una obra inspirada en el Baptisterio de San Juan y el libro El arte del color de Johannes Itten, se convierte en un viaje introspectivo donde el director se pone en escena y, finalmente, rompe su vínculo con los artistas retratados.
El primer segmento, El equilibrista, arranca con una estructura documental más tradicional, mostrando el proceso creativo de Juliana Lafitte y Manuel Mendanha. Vemos la preparación de materiales, la elección de colores y la conceptualización de la obra. Sin embargo, en el minuto 53 ocurre un quiebre: Llinás se vuelve el protagonista, reflexionando sobre el proyecto, sobre el cine y sobre la relación con los artistas. La segunda parte, Retrato de Mondongo, profundiza en este viraje, adoptando un tono más experimental y literario. Llinás se filma escribiendo, introduce referencias a Manet, se sumerge en pensamientos filosóficos sobre el retrato y el autorretrato, y, finalmente, expone con crudeza el deterioro de su amistad con los Mondongo.
La tercera y última parte, Kunst der farbe, es la más abstracta y conceptual. Inspirada en el libro de Itten, recorre las propiedades del color a través del cine, la música y el montaje. La actriz María Villar lee textos en alemán, Pilar Gamboa encarna una especie de alter ego de Lafitte, y la banda sonora de Gabriel Chwojnik guía un viaje sensorial donde el arte y el cine se funden. En este tramo, Llinás se muestra frágil, vulnerable y en busca de respuestas que nunca llegan del todo.

Con El tríptico de Mondongo, Mariano Llinás entrega una obra que desafía los límites del documental, juega con la autoficción y expone la compleja relación entre arte y ego. Una película que incomoda, fascina y deja preguntas abiertas. Se proyecta exclusivamente en Arthaus, los fines de semana hasta mayo.



