El cine africano y mundial están de luto tras el fallecimiento de Souleymane Cissé, director malíense y pionero del cine en su continente. Con una carrera marcada por su compromiso social y su lucha por la autenticidad cultural, Cissé rompió barreras en la industria cinematográfica, convirtiéndose en el primer cineasta africano negro en recibir un galardón en el Festival de Cannes. Su película más emblemática, Yeelen (1987), un relato inspirado en las leyendas bambara, lo catapultó a la escena internacional al obtener el Premio del Jurado en Cannes, consolidando su lugar en la historia del cine.
Desde su debut con Den Muso (1975), censurada en Malí, hasta sus reconocidos trabajos como Baara (1978) y Finye (1982), Cissé desafió las estructuras políticas y sociales con narrativas audaces. Su cine no solo retrató la lucha de la juventud y las injusticias del sistema, sino que también se alejó de la mirada occidental etnográfica, ofreciendo una representación genuina de África. Su labor trascendió la dirección cinematográfica, siendo un firme defensor del cine africano a través de la Unión de Creadores y Empresarios de Cine y Artes Audiovisuales de África Occidental (UCECAO).
La noticia de su muerte ha generado un impacto profundo en la comunidad cinematográfica, con homenajes de cineastas, instituciones y festivales de todo el mundo. El Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT) ya anunció un tributo especial en su próxima edición, reconociendo la importancia de su obra en la historia del cine africano y mundial. A los 84 años, Souleymane Cissé deja un legado que seguirá inspirando a generaciones de cineastas, manteniendo viva la esencia de sus historias y su visión transformadora del arte cinematográfico.



