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CINE

Stop Motion: Qué es, su encanto único y películas imprescindibles del género

Esta técnica de animación combina paciencia y detalle para dar vida a lo inanimado. Sus aplicaciones van desde efectos especiales en los primeros días del cine hasta obras completas de estudio como Coraline o Wallace y Gromit.

stop motion coraline

El stop motion es una de las técnicas más fascinantes de la animación, un arte que combina creatividad, paciencia y destreza técnica. Conocida también como animación fotograma a fotograma, esta técnica permite dar vida a objetos inanimados mediante una sucesión de fotografías que simulan movimiento al ser reproducidas de manera continua. Este método se ha aplicado de múltiples formas a lo largo de la historia del cine, desde figuras de plastilina hasta recortes de papel o incluso personas reales en la llamada pixilación.

Sus orígenes se remontan a los albores del cine, con pioneros como Georges Méliès y Segundo de Chomón que explotaron su potencial para crear efectos visuales sorprendentes. Películas como El mundo perdido (1925) y Jasón y los argonautas (1963), con su icónico ejército de esqueletos animado por Ray Harryhausen, marcaron una época en la que el stop motion era la herramienta estrella para plasmar lo imposible. Aunque el auge del CGI desplazó esta técnica durante décadas, su autenticidad física y su encanto visual han provocado un resurgimiento en los últimos años.

En la actualidad, estudios como Laika Entertainment (Los mundos de Coraline, 2009) y Aardman Animation (Wallace y Gromit: La venganza se sirve con plumas, 2024) han mantenido vivo este arte, llevando sus películas a audiencias modernas y demostrando que el stop motion no solo es relevante, sino que puede competir con las mejores animaciones digitales. Además, cineastas como Tim Burton y Henry Selick siguen apostando por esta técnica en películas icónicas como La novia cadáver (2005) y Pesadilla antes de Navidad (1993), manteniendo el legado de esta forma de animación artesanal.

Más allá de los nombres más conocidos, el stop motion también ha explorado terrenos más experimentales y adultos. Películas como Anomalisa (2015) de Charlie Kaufman o las obras de Jan Švankmajer, como Alice (1988) y Otesánek (2000), han llevado esta técnica a lugares más inquietantes y provocadores, combinando lo grotesco y lo sublime. Estas producciones demuestran que el stop motion no está limitado a películas infantiles, sino que puede transmitir emociones profundas y narrar historias complejas con un estilo único e inimitable.

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