Tom Cruise volvió a hacer lo imposible. Esta vez no necesitó un helicóptero ni una caída libre desde el cielo. Le bastó con su presencia para hacer estallar el Festival de Cannes, donde se presentó la octava y última entrega de Misión: Imposible, titulada Sentencia final. A sus 62 años, el actor estadounidense cerró con broche de oro una saga que lleva más de 30 años redefiniendo el cine de acción.
El estreno, cargado de glamour y expectativa, se demoró varios minutos mientras Cruise subía las icónicas escalinatas del Palais junto a parte del elenco y el director Christopher McQuarrie, responsable de las últimas cuatro películas de la franquicia. Una orquesta tocó el famoso tema de Lalo Schifrin mientras los flashes se multiplicaban y cientos de fans intentaban capturar un segundo de su ídolo.

Fiel a su estilo, Tom apareció por sorpresa en una charla previa con McQuarrie, donde reveló detalles del rodaje, sus arriesgadas escenas sin dobles y su filosofía frente al riesgo: “El cine es emoción y placer. Si hay que esforzarse, prefiero hacerlo yo mismo”. Entre anécdotas casi letales, confesó que su curiosidad siempre fue más fuerte que el miedo: “Es mejor intentar algo que no hacerlo”.
El presupuesto de esta entrega —que se estrena en España el jueves 22— superó los 350 millones de euros, y el proyecto nació de una idea insólita: un video de TikTok. “Le mostré el clip y le dije que se iba a reír. Me respondió: 'Yo podría hacer eso'. Yo le dije que no. Y lo hizo”, relató McQuarrie, resignado pero admirado. ¿Es este el final de Ethan Hunt? Cruise no lo confirma, pero deja la respuesta en manos del público: “Que ellos lo descubran”.



