El mercado laboral en Mendoza atraviesa una transformación silenciosa: tener un empleo ya no garantiza ingresos suficientes. A pesar de que la tasa de desocupación se ubica en 6,7%, por debajo del promedio nacional, el dato no refleja la complejidad de la situación.
El indicador clave es la presión laboral, que incluye tanto a desocupados como a personas con trabajo que buscan más horas o un segundo empleo. Según un informe del IERAL con datos del INDEC, la provincia se ubica cuarta a nivel nacional en este índice.
Más empleo, pero insuficiente
En Mendoza, el 20,8% de los ocupados busca mejorar sus ingresos, lo que, sumado a los desocupados, implica que unas 275.000 personas enfrentan dificultades laborales.
El fenómeno responde a un problema estructural: la baja productividad, que limita la generación de empleo de calidad y afecta el nivel de ingresos.

Un problema que se repite en el país
A nivel nacional, más de 5 millones de personas están bajo presión laboral, lo que representa cerca del 23% de la población económicamente activa.
El informe muestra realidades diversas:
- En provincias dinámicas, la presión surge por ingresos insuficientes
- En regiones más rezagadas, responde a la falta de oportunidades laborales
El avance del pluriempleo
La necesidad de sumar ingresos impulsa el crecimiento del pluriempleo, que dejó de ser excepcional.
Dentro de los trabajadores que buscan más ingresos:
- El 47,3% está subocupado (trabaja menos horas de las deseadas)
- El 52,7% tiene empleo completo, pero igual necesita otro ingreso
Esto evidencia que incluso un trabajo formal ya no alcanza para sostener el nivel de vida.
Sectores y grupos más afectados
La presión laboral se concentra en actividades de menor productividad:
- Servicio doméstico: 30,7%
- Hoteles y restaurantes: 25,5%
- Construcción: 23%
También impacta con más fuerza en jóvenes y mujeres, quienes presentan mayores dificultades para acceder a ingresos suficientes.
Un desafío estructural
El informe advierte que el problema no es solo la falta de empleo, sino su calidad y nivel salarial.
Sin mejoras en productividad y generación de empleo formal, la tendencia al pluriempleo y la precarización seguirá en aumento, consolidando un escenario donde trabajar ya no es garantía de estabilidad económica.
