En Mendoza, la sífilis congénita —una infección que se transmite de madre a hijo durante la gestación— experimentó un alarmante aumento del 270% entre 2019 y 2024. La tasa pasó de 1.79 a 6.63 casos cada 1.000 nacidos vivos, según datos oficiales.
Este incremento refleja una tendencia nacional en el alza de infecciones de transmisión sexual (ITS), intensificada tras la pandemia de COVID-19. En particular, se observa un descenso en el uso de métodos de barrera, como el preservativo, y una preocupante falta de controles prenatales adecuados.

Aunque la sífilis es curable con antibióticos, la ausencia de diagnóstico temprano durante el embarazo aumenta los riesgos para el bebé. Entre las posibles consecuencias se encuentran lesiones neurológicas, óseas, cutáneas, además de bajo peso al nacer, prematurez e incluso la muerte fetal.
Durante los años más críticos de la pandemia, la vigilancia epidemiológica estuvo enfocada en el COVID-19, lo que derivó en un probable subregistro de casos. No obstante, los datos actuales muestran un crecimiento sostenido:
2022: 2.54 casos cada 1.000 nacidos vivos
2023: 4.39
2024: 6.63
A esto se suma una creencia errónea entre personas gestantes: al quedar embarazadas, muchas dejan de utilizar preservativo, lo que facilita nuevas infecciones. Además, en muchos casos la madre no presenta síntomas, lo que dificulta la detección.

Por todo esto, los especialistas insisten en la importancia del testeo serológico durante el embarazo y en los recién nacidos, aun si no presentan signos clínicos. Solo así se puede detectar la infección a tiempo y aplicar el tratamiento necesario.
La única forma efectiva de prevenir la sífilis es con el uso del preservativo. Promover prácticas de sexo seguro y garantizar controles prenatales completos es clave para evitar más casos y proteger la salud materno-infantil.
