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El Virus. Una película sobre nosotros

Los medios de comunicación hemos puesto el foco de la situación pandémica en las mutaciones y alcances del virus, sin dar lugar a un debate real acerca de nuestro comportamiento frente a la circunstancia. 

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Hay una confusión que nos sucede a menudo al ver un película: le asignamos al tema de la misma, el objeto del conflicto dramático. Para desarrollar esta idea hemos elegido el film: La Guerra de los Mundos, protagonizado por Tom Cruise, dirigido magistralmente por el genio de Steven Spielberg, escrito por Josh Friedman y David Koepp, y basado en la notable novela del mismo nombre, que escribiera el maestro Orson Wells. A simple vista, todo indicaría que el argumento da cuenta de una invasión extraterrestre y en principio eso real, pero la película "no se trata" de eso, La Guerra de los Mundos (una extraordinaria alusión a los mundos de padres e hijos) "se trata" del reencuentro de un padre (habitualmente ausente) con sus dos hijos, a quienes debe proteger de la circunstancia presente (en este caso la invasión extraterrestre, pero bien pudo haber sido una catástrofe natural, una guerra de países, una plaga etc) y hacerlos transitar con vida, hasta llegar a Boston donde los espera el resto de su familia. 

Ray Ferrier (Tom Cruise) debe proteger a sus hijos de una invasión extraterreste, aquí con Rachel (Dakota Fanning)

De mismo modo, si bien estamos bajo el manto terrible de una pandemia que ha azotado, contagiado y matado a cientos de miles de personas,  esta "película", no se trata de eso, sino de cómo vamos a comportarnos nosotros y nosotras frente a esta circunstancia; si esta situación va a aflorar nuestra mayor solidaridad o va a extremar nuestro egoísmo más arrogante. El virus va a recorrer su camino natural, lo que va a definir el resultado de estos tiempos, va a ser el camino que elijamos recorrer nosotros como sociedad. 

Al inicio todos estabamos unidos contra la pandemia. Una ilusión que duró poco. 

Cotidianamente oímos mensajes en los medios masivos de comunicación que alientan una instancia de unión social para que "salgamos todos juntos de esto", sin embargo los mismos espacios replican y duplican situaciones que estimulan el odio visceral, y que se contraponen firmemente a lo antes expresado, mezclando de manera "idiota" (si se nos permite la expresión) una situación de ideología política con un flagelo netamente sanitario. Un razonamiento similar a reclamarle a los gobiernos (de cualquier color político) pérdida de libertad, si en el medio de una inundación nos fuera imposible salir a la calle. Claro, sucede que el virus es invisible, y nos hemos acostumbrado a que lo esencial es visible a los ojos. 

Una persona reclama "libertad", mientras se expresa libremente, en la calle, en medio de una pandemia. 

   

Por estos días, Argentina alcanzó un lamentable sitio entre los 10 países con más contagios en el mundo, no obstante y como gran dato, la tasa de mortalidad ha sido hasta aquí, sensiblemente menor que en otras latitudes, en las que los contagios han alcanzado números similares a los nuestros. No hay buenas noticias en estas instancias, pero sí la certeza de que también todo podría ser mucho peor de lo que es. Ahí radica el sostenimiento espiritual de este pasaje de la realidad. 

Los servicios sanitarios público y privado, luchando día a día para salvar vidas. 

De la falsa dicotomía instalada "salud vs economía" el retorno es inusualmente fácil: Sin vida no hay economía, no hay desarrollo, no hay nada. Es un gran momento para enfrentar interiormente el materialismo imperante y volver a colocar en el centro de la escena a la vida humana. No podemos desconocer el desastre económico que ha provocado la pandemia, negocios cerrados, pérdidas de empleo, caídas en las ventas etc, pero todo eso puede solucionarse con apoyo y gestión gubernamental, con ideas innovadoras, con dinamismo macroeconómico  y con mucha solidaridad. Una vida que se pierde es irrecuperable. La posición que adoptemos depende de cada uno y pondrá de manifiesto también como entiende la vida cada uno.  

La sociedad Argentina de Terapia Intensiva acaba de dar cuenta del agotamiento mental y físico de sus integrantes. Son los soldados en la primera linea de batalla y llevan varios meses trabajando sin descanso

Por estos días nuestra provincia ha entrado en una zona compleja de transitar, los casos aumentan exponencialmente y el sistema de salud comienza a llegar, peligrosamente, a su tope de rendimiento. Vale sólo preguntarnos en este pasaje de la película de nuestra existencia ¿que rol vamos a jugar? individual y colectivamente, hablamos de políticos, empresarios, periodistas, comerciantes, sindicalistas, trabajadores y trabajadoras, ciudadanos al fin y al cabo; debiendo luego tener que hacernos cargo de las consecuencias de nuestras decisiones, algo que debiéramos tener incorporado porque aplica a cada instancia de nuestra vida. Contagiarse le puede pasar a cualquiera naturalmente, ese es el resultado; lo que está en discusión no es si hubo contagios o no, sino si como conjunto social se hizo todo lo posible para evitarlos o no. 

Los servicios médicos y sanitarios, héroes visibles en la lucha con la pandemia. 

La historia se encarga de hacer los juicios correspondientes una vez que los hechos han sido consumados. La comunidad médica argentina merece ya un agradecimiento interminable. Ojalá el resto de nosotros seamos lo suficientemente conscientes a la hora de nuestras decisiones, manifestaciones en redes sociales y comportamientos cotidianos, para que esta película, que trata sobre nosotros y nuestras acciones, termine erigiéndonos como héroes sensibles y no como impiadosos villanos.

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