Tras días de temperaturas templadas, el mal tiempo regresará a Argentina hacia el último fin de semana de agosto, según informó el Servicio Meteorológico Nacional (SMN). Se espera que lluvias y tormentas afecten varias provincias, en lo que podría coincidir con la tradicional tormenta de Santa Rosa.
Durante esta semana, las mínimas oscilarán entre 12° y 13° y las máximas entre 21° y 22°, aunque a partir del jueves y viernes empezará a aparecer nubosidad y humedad. Según Meteored, para el 30 de agosto, el fenómeno de Santa Rosa podría presentarse con puntualidad y gran intensidad, acompañado de un proceso de ciclogénesis en la región central del país. Esto generaría lluvias, chaparrones y tormentas en Buenos Aires, La Pampa, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos.

Por otra parte, para este martes 26 de agosto, el SMN emitió alerta amarilla por lluvias y viento en la zona cordillerana de Santa Cruz, principalmente en la Cordillera de Güer Aike y Lago Argentino. Se estiman precipitaciones acumuladas entre 15 y 30 mm, que podrían superar esos valores de manera puntual. En zonas elevadas, las lluvias podrían mezclarse con nieve. Además, se prevén vientos del oeste de 45 a 65 km/h y ráfagas de hasta 90 km/h.
La tormenta de Santa Rosa: historia y mito
El mito de la tormenta de Santa Rosa se originó en 1615 en Lima, Perú, cuando una flota de piratas holandeses fue dispersada por una tormenta. La leyenda atribuye el fenómeno a los rezos organizados por Isabel Flores de Oliva, conocida como Santa Rosa de Lima.
Investigaciones del Observatorio Central Buenos Aires (OCBA) muestran que, entre 1906 y 2023, en un análisis de 118 años, en 57% de las ocasiones hubo tormentas alrededor de los días cercanos al 30 de agosto, aunque no siempre con precipitaciones intensas. Por eso, cualquier temporal de lluvia y viento entre fines de agosto y principios de septiembre suele ser asociado popularmente con esta festividad.

Celebración de Santa Rosa
La festividad de Santa Rosa de Lima se celebra el 30 de agosto, día elegido tras su canonización por el Papa Clemente X en 1671, y no coincide con la fecha de su muerte (24 de agosto) porque ese día ya estaba dedicada la festividad de San Bartolomé.
