El próximo 1 de junio se actualizarán miles de contratos de alquiler en Mendoza, y el incremento podría superar ampliamente la inflación acumulada en el último año. De acuerdo con los valores que maneja el sector inmobiliario, la suba alcanza un 80,6% interanual, según el Índice de Contratos de Locación (ICL).
Este porcentaje contrasta fuertemente con la evolución del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que entre junio de 2024 y abril de 2025 (último dato oficial disponible) muestra una suba del 45,3%, incluso considerando una proyección para el mes de mayo. La brecha entre ambos índices evidencia el impacto que puede tener el método elegido para la actualización de los alquileres.

Diferencias entre ICL e IPC
Mientras que el ICL pondera variables como salarios promedio y la inflación nacional, el IPC refleja el comportamiento directo de los precios en la economía local. En este contexto, muchos contratos celebrados en el último tiempo optan por vincularse al IPC como forma de mitigar los aumentos.
De hecho, sólo 2 de cada 10 nuevos contratos en Mendoza utilizan el ICL como fórmula de ajuste, siendo más frecuente su aplicación en alquileres comerciales o acuerdos preestablecidos al inicio del contrato.
Ejemplo concreto: cómo varía un alquiler
Un contrato firmado el 1 de junio de 2024 con un alquiler inicial de $350.000 mensuales, podría experimentar un incremento considerable dependiendo del índice aplicado:
Con ajuste por ICL: el nuevo monto se elevaría a $632.258, es decir, un aumento del 80,6%.
Con ajuste por IPC: el valor actualizado sería de $508.502, lo que representa un 45,3% de incremento.

Tendencias del mercado y contratos más flexibles
Desde la derogación de la Ley de Alquileres en enero de 2024, la libertad para establecer condiciones contractuales ha generado una gran diversidad de modalidades de actualización. Actualmente, el esquema más común para nuevos contratos es de dos años de duración con ajustes cuatrimestrales por IPC, aunque se prevé que, con una inflación más estable, el mercado vuelva a preferir ajustes semestrales.
El escenario, sin dudas, se muestra más favorable para los propietarios, que cuentan con mayor margen de negociación, mientras que los inquilinos enfrentan aumentos significativos si no se pactan alternativas más equitativas.



