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Iglesia católica

Mendoza honró a Santiago Apóstol: la homilía completa

Distintas celebraciones se realizan este lunes en la iglesia San Nicolás y Santiago Apóstol ubicada en la Peatonal Sarmiento de la Ciudad de Mendoza.

santiago apostol

El 25 de julio, la Iglesia celebra la fiesta de Santiago "el Mayor", uno de los doce apóstoles elegidos por Jesús. Se lo representa vestido de peregrino o como un soldado montado en un caballo blanco en actitud de lucha. Para nuestra provincia es muy especial puesto que es el Patrono de Mendoza y protector ante los terremotos.

Desde 1976, por ley provincial N° 4.081, en Mendoza es feriado provincial ese día, en homenaje al Santo.

Como ocurre todos los años cientos de fieles se acercan este lunes a la iglesia de calle Peatonal para honrar al santo protector. Luego de una velada desarrollada en la noche del domingo, distintas celebraciones artísticas y litúrgicas tienen lugar en el microcentro mendocino a pesar de la lluvia y el frío.

Desde las 15 horas se realizó la procesión de fieles por calles aledañas con la presencia del arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo, del vocero y párroco de la iglesia San Nicolás y Santiago Apostol, Marcelo de Benedectis. Luego de la procesión se desarrolló la misa central y a las 18:30 una nueva celebración de cierre de la jornada.

La homilía del Arzobispo de Mendoza

HOMILÍA EN LA MISA DE LA SOLEMNIDAD DE SANTIAGO APÓSTOL
SANTO PATRONO DE LA CIUDAD DE MENDOZA

Queridos hermanos, 
Hoy celebramos a Santiago apóstol, santo patrono de la ciudad de Mendoza, venerado en toda la provincia. Peregrinos urbanos hacia el Dios de la vida, venimos a esta Casa de Santiago en nuestra ciudad capital, conscientes de que, en el seguimiento de Jesús, los apóstoles son referencias seguras, rubricadas por la entrega de su sangre al servicio del Reino.
Cuando los Evangelios enumeran a los apóstoles, tenemos a dos con el mismo nombre: Santiago, el hijo de Zebedeo, y Santiago, el hijo de Alfeo (cf. Mc 3, 17-18; Mt 10, 2-3), diferenciados en algunos casos con los apodos de Santiago el Mayor y Santiago el Menor. No se trata de una cuestión de altura, de edad o de santidad, sino de la responsabilidad que le asignan los textos bíblicos, especialmente durante la vida terrena de Jesús. 
Nuestro patrón Santiago es el Mayor. Por los elementos biográficos que nos aportan los evangelios, sabemos que es el hermano de Juan y se le presenta como alguien importante dentro del grupo apostólico, detrás de Pedro, generalmente. Así podemos encontrarlo en momentos muy especiales de la vida de Jesús. 
Con Pedro y Juan, Santiago acompañaron a Jesús en su Transfiguración y en el huerto de Getsemaní, cuando el Señor ora al Padre en la inminencia de su arresto. En la Transfiguración, Santiago junto a Pedro y Juan, asisten a una manifestación de la gloria del Señor, cuando éste conversa con Moisés y Elías; en el Huerto, en cambio, presencian el sufrimiento y la manifestación de obediencia del Hijo de Dios a la voluntad del Padre. Aprendió junto a Pedro y Juan, de un modo íntimo e intenso que la gloria de Cristo se realiza precisamente en la cruz, que la felicidad y la plenitud de nuestra vocación cristiana nos piden asumir muchas veces dolores y cruces que maduran nuestra fe.
El Espíritu Santo, en Pentecostés, haría de Santiago un apóstol valiente y decidido. San Lucas nos narra en el Libro de los Hechos (12,1.2) que Herodes Agripa, “echó mano a algunos de la Iglesia para maltratarlos e hizo morir por la espada a Santiago, el hermano de Juan”. Es una referencia escueta que permite descubrir que, para la primera comunidad cristiana, el martirio era el destino habitual de los testigos del Señor. Cumpliría así con la respuesta que dio al Señor ante un requerimiento de su madre que pedía para él y su hermano, un lugar de privilegio. Santiago fue el primero de los apóstoles en beber el cáliz que Jesús bebió.
Santiago con el bastón del peregrino y el rollo del Evangelio, manifiesta el carácter misionero, itinerante, de la vida cristiana, llamada a testimoniar la buena noticia del Reino de Dios, “entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios.” (Concilio Vaticano II, Lumen Gentium 8).
Cada vez que celebramos la memoria de un Apóstol, somos invitados a reflexionar sobre nuestra fe, para que, en este caso Santiago, nos ayude a descubrir nuestros orígenes como Iglesia en la que los Apóstoles y sus sucesores están al servicio de su crecimiento y plenitud como casa de los hermanos y hospital de campaña. 
Si Santiago junto a los demás apóstoles extendieron el mensaje de Cristo, hoy nos toca a nosotros establecer un diálogo permanente con la sociedad con un lenguaje accesible y cercano, en sintonía y solidaridad, para que ella conozca a Jesucristo, camino, verdad y vida. Somos parte de esa posta inaugurada por los apóstoles para trasmitir sin interrupción que el nuestro es un Dios vivo. Más allá de nuestras fragilidades, llevamos en nuestras pobres vasijas de barro, el tesoro de la Buena Nueva de Cristo que es vida nueva para todos. 
Y este mensaje tiene vigencia hoy. Esta herencia sagrada de la fe que los apóstoles nos han legado, nos urge a testimoniar a Jesús en esta sociedad en la que vivimos, para hacer presente su proyecto de amor y aspirar, entre otras cosas, a la amistad social como camino de realización plena de todos y cada uno, donde nos cuidemos, nos ayudemos y aportemos lo mejor de nosotros. 
Tantas veces asociamos a Santiago con los movimientos sísmicos y su presencia protectora, que podemos encomendarle nos cuide de los feroces sismos que hoy nos afligen como sociedad, donde la pérdida del sentido de la vida y la indiferencia estrechan los horizontes de la amistad social por imperio de la avidez, la agresividad sin límites, la denigración del que piensa diferente, el individualismo y la absoluta falta de empatía en relación con los otros. 
Rendidos ante tu bastón peregrino y ante la Palabra de Dios en tus manos, Patrón Santiago, nos confiamos a tu protección para que intercedas ante el Señor y nos ayudes a ser un pueblo en camino hacia un tiempo mejor. 
-Que prevalezcan en la edificación de nuestra vida social, la riqueza de los valores evangélicos y la nobleza del auténtico temple mendocino, con trabajo creativo y solidaridad fraterna. 
-Que seamos una comunidad siempre dispuesta a enfrentar los desafíos de los tiempos nuevos, donde no falte el diálogo entre los distintos sectores, las generaciones, los partidos políticos y las organizaciones políticas y sociales.
-Que tengamos un corazón grande, lejanas las mezquindades, los egoísmos, y la codicia que afectan y dañan la dignidad de la persona humana, la vida de pueblos y familias, y la Casa común.
Dios bendiga a Mendoza. Dios cuide de los mendocinos. Dios nos haga capaces de tiempos nuevos por intercesión de Santiago y la siempre fiel y cariñosa protección de Nuestra Señora del Rosario.
Solemnidad de Santiago Apóstol, Mendoza, 25 de julio de 2022.-
+Padre Obispo Marcelo Daniel Colombo

 

Santiago "el Mayor"

La tradición biográfica cuenta que Santiago el Mayor nació en Betsaida (Jerusalén) y que murió en el año 44 d.C. Según los Evangelios fue uno de los apóstoles de Jesús así como hijo del Zebedeo y de María Salomé, además de hermano de San Juan Evangelista.

Santiago de Zebedeo también conocido como Santiago el Mayor (en griego antiguo: Ἰάκωβος, Ἰákobos) fue, según diversos textos neotestamentarios (Evangelios sinópticos, Hechos de los Apóstoles), uno de los apóstoles más destacados de Jesús de Nazaret. Es conocido en la tradición cristiana como Santiago el Mayor para distinguirlo de otro miembro del grupo de los doce, Santiago el Menor. Nacido probablemente en Betsaida (Galilea), fue hijo de Zebedeo y Salomé, y hermano de Juan. Santiago de Zebedeo pertenecía al llamado «círculo de dilectos» de Jesús que estuvo con él en ocasiones especiales: en la resurrección de la hija de Jairo, en la transfiguración y en el huerto de Getsemaní, donde Jesús se retiró a orar en agonía ante la perspectiva de su pasión y muerte. También fue testigo privilegiado de las apariciones de Jesús resucitado y de la pesca milagrosa en el mar de Tiberíades. Según el libro de los Hechos de los Apóstoles, Pentecostés encontró a Santiago en espera orante, siempre como uno de los máximos referentes de la primera comunidad cristiana, junto con Simón Pedro y Juan. Murió a manos de Herodes Agripa I en Jerusalén entre los años 41 y 44 de nuestra era. Es el patrono de España.

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