Las exportaciones argentinas transitan un escenario desigual: mientras los complejos vinculados a la energía y al petróleo muestran crecimiento, buena parte del resto de la economía continúa en retroceso. En este contexto, el acuerdo comercial que Argentina negocia con Estados Unidos despierta expectativas por su posible impacto positivo, aunque todavía sin definiciones concretas. Los detalles del convenio se conocerían en los primeros días de diciembre y permitirán identificar con mayor claridad qué sectores resultarán favorecidos o perjudicados.
Exportaciones: un semestre con contrastes
Según los últimos datos oficiales, en la primera mitad de 2025 las ventas externas de los principales complejos exportadores totalizaron casi 40.000 millones de dólares, un 4% más que un año antes. Los aumentos se explicaron por un mayor volumen exportado, en un contexto de precios internacionales estables o en baja. Oro y plata encabezaron las subas, seguidos por el complejo girasolero y el de carne y cuero bovino.

Sin embargo, la foto provincial muestra grandes disparidades. Un informe reciente del Ieral reveló que Mendoza fue la única provincia que registró una caída en sus exportaciones entre enero y septiembre. Los mayores retrocesos se concentraron en manufacturas de origen industrial, especialmente en industrias vinculadas al vino y otros productos tradicionales de la región. El comportamiento global de la economía —con bajo crecimiento y precios internacionales moderados— y la pérdida de dinamismo del mercado vitivinícola explican gran parte de este desempeño.
Sectores en alza y en baja
El estudio del Ieral destacó que la minería metalífera marcó subas significativas en provincias como San Juan, Jujuy, Santa Cruz y Salta, mientras que regiones con actividades industriales distintas —entre ellas Mendoza, Córdoba, Tucumán y Chubut— registraron descensos. También se observaron incrementos en combustibles y energía, con el impulso de Vaca Muerta, y en productos primarios, especialmente oleaginosas. En cambio, sectores como el vitivinícola siguen condicionados por la baja del consumo mundial y la caída sostenida en el precio promedio de exportación de los varietales.
Qué puede cambiar con el acuerdo con Estados Unidos
Frente a este panorama, el eventual convenio comercial con Washington proyecta posibles efectos mixtos sobre la estructura exportadora mendocina. Para algunos rubros, abrir el mercado estadounidense con menores aranceles puede ofrecer una oportunidad para ganar volumen y competitividad. Para otros, en cambio, la competencia directa con productos de Estados Unidos podría presionar a la baja la actividad local.

El sector vitivinícola aparece entre los potencialmente beneficiados. Estados Unidos ya es el principal comprador de vino argentino y una reducción arancelaria podría mejorar la posición frente a competidores como Chile. También el mercado del mosto, en crecimiento global, podría fortalecerse si se consolidan mejores condiciones de acceso.
En sentido contrario, la metalmecánica observa el avance de las negociaciones con cautela. La diferencia de escala productiva y de costos entre ambos países plantea interrogantes sobre la capacidad competitiva local ante una apertura acelerada. Para la industria de bienes de capital, los altos costos internos y la presión impositiva siguen siendo obstáculos centrales.
Desafíos de infraestructura y competitividad
Tanto el sector privado como los analistas coinciden en un punto: incluso si el acuerdo abre nuevas oportunidades de exportación, el país enfrenta limitaciones estructurales que condicionan la capacidad de aprovecharlas. La falta de infraestructura logística, la insuficiencia energética, los altos costos del transporte y los procesos administrativos complejos encarecen la operatoria y reducen la competitividad.
En paralelo, la perspectiva minera de Mendoza —si se destraban proyectos largamente debatidos— podría convertirse en un factor clave para mejorar infraestructura y generar nuevas oportunidades de exportación en el mediano plazo.
Expectativas y próximas definiciones
Mientras el país aguarda la “letra chica” del acuerdo, el Gobierno provincial expresa optimismo respecto del impacto que podría tener sobre las economías regionales, especialmente en la vitivinicultura. Mendoza exporta actualmente entre 600 y 700 millones de dólares en productos derivados de la uva, pero estima que podría alcanzar los 2.000 millones si mejoran las condiciones de acceso a mercados de alto volumen.
A la espera de definiciones, los sectores productivos coinciden en que el desafío será doble: adaptarse a un escenario más abierto y, al mismo tiempo, impulsar reformas que reduzcan costos y mejoren la productividad. Sin esos cambios, advierten, la apertura comercial podría avanzar más rápido que la capacidad del país para competir en igualdad de condiciones.
