Mendoza refleja una tendencia nacional: el consumo de drogas crece, con especial preocupación por los psicofármacos. Según estadísticas recientes, hasta un tercio de los mendocinos consume ansiolíticos, hipnóticos o antidepresivos sin receta, impulsados por estrés, insomnio y ansiedad. Entre los fármacos más utilizados se encuentran clonazepam, alprazolam y sertralina, con un riesgo creciente de dependencia y naturalización del “consumo para funcionar”.
En paralelo, los consumos problemáticos de drogas ilícitas también aumentan. Cocaína, marihuana y crack registran un crecimiento sostenido, afectando principalmente a jóvenes y adultos jóvenes entre 12 y 38 años. La edad de inicio se ha reducido hasta los 12 años, lo que multiplica el impacto a futuro. Alcohol y tabaco continúan siendo las sustancias más difundidas, aunque su incremento es menor comparado con las drogas ilícitas.

Las zonas urbanas y periurbanas con mayor vulnerabilidad social, desempleo juvenil y menor acceso a prevención concentran la mayor cantidad de casos. En Mendoza, los departamentos del Gran Mendoza, especialmente Las Heras, Guaymallén y Capital, lideran las consultas por consumo problemático.
El tratamiento sigue siendo un desafío: la falta de recursos, la discontinuidad de políticas públicas y el estigma social dificultan la creación de programas sostenidos y accesibles. Si bien se implementan nuevos dispositivos, la demanda supera ampliamente la oferta, lo que obliga a buscar soluciones urgentes y sostenidas en el tiempo.
El crecimiento del consumo de psicofármacos y drogas en Mendoza es un fenómeno complejo y silencioso que combina factores sociales, culturales, económicos y sanitarios. La provincia enfrenta un escenario preocupante, donde la prevención, la educación y la inversión en políticas integrales se presentan como herramientas fundamentales para frenar una problemática que golpea cada vez más cerca.
