En El Bermejo, Guaymallén, la angustia y frustración de los habitantes ante la escalada de robos crece cada día más. Desde Diario Mendoza, entrevistamos a un vecino de la zona, Luis Contigliani, quien compartió su experiencia, reflejando que no es solo una situación personal, sino también colectiva.
En una reciente reunión con autoridades de la comisaría local y el delegado municipal, Luis reportó que “la gente estaba muy, muy enervada”. Añadió que durante noches consecutivas, en un periodo que llamó “una semana de furia”, los vecinos experimentaron una oleada de delincuencia. “Una tropelía de gente andando por los techos, manoteando puertas”, describió, destacando el nivel de violencia que se vivía. Acompañada de la denuncia social, se mencionaron también filmaciones que evidenciaron la situación, aunque Luis aclaró que era difícil acusar sin pruebas contundentes.

Luis relató su propia experiencia dolorosa: fue víctima de un robo en su fábrica de soda. Este incidente, que ocurrió durante la noche, le generó una gran pérdida: “Rompieron un portón interno que da al taller, yo tengo una fábrica de soda. Se robaron herramientas, elementos de medición, manómetros, llaves de bronce de las válvulas, repuesto de las máquinas. Y lo más grave, es que se llevaron las dos camionetas que eran para los repartos".

El clima de insatisfacción se intensificó cuando se discutió el escaso apoyo policial. Luis hizo hincapié en que solo contaban con un móvil para patrullar toda la zona, lo que limitaba la rapidez de respuesta ante incidentes. “A veces había personas detenidas en la comisaría y quedaba un solo policía a cargo”, explicó, lo que agravaba aún más la sensación de abandono. “Los que íbamos perdiendo éramos nosotros”, expresó con desespero. Agregó que los robos no eran solo un hecho delictivo; eran una constante en la vida de los habitantes, quienes sufrían tanto por el robo de objetos cotidianos como por situaciones más graves.
Luis también relató un hecho alarmante en el que una vecina y su esposo, personas mayores, fueron golpeados durante un asalto, algo que puso de relieve la violencia que se había normalizado. “La esposa fue la más golpeada, tal es así que tuvo que ser hospitalizada”, señaló. Esta agresión marcó un punto crítico en la inseguridad que se apoderó del barrio.
La tardanza de los móviles policiales también es una de las situaciones que genera mucha frustración: “Les calculas 20 minutos, media hora, y para el damnificado esos minutos se sientien como una eternidad” manifestó el vecino. También, explicó que la gente se sentía amenazada no solo por los ladrones, sino también por posibles represalias. “Te amenazan que no los denuncies porque te saben la vida mejor que una espía”, advirtió. Esto llevó a que muchos optaran por el silencio, un mecanismo de defensa en un contexto donde la seguridad debería ser una prioridad.


