La situación diplomática entre Argentina y Venezuela ha escalado a niveles de tensión tras las denuncias del Gobierno argentino por el asedio a su embajada en Caracas. Desde hace más de una semana, el régimen de Nicolás Maduro cortó el suministro de agua y electricidad a la sede diplomática, que actualmente se encuentra bajo bandera de Brasil tras la expulsión de la delegación argentina. Esta medida se produce en medio de la crisis humanitaria y política que enfrenta el país sudamericano.
El embajador argentino ante la Corte Penal Internacional (CPI), Mario Oyarzábal, acusó al Gobierno venezolano de "asediar" la embajada, señalando la presencia de fuerzas policiales y actores armados no identificados. A su vez, Oyarzábal destacó que seis dirigentes opositores, vinculados a la líder María Corina Machado, se encuentran asilados en las instalaciones diplomáticas, lo que ha provocado la represalia del Gobierno chavista, que sospecha de su implicación en planes de "terrorismo".

Además de las violaciones a la inviolabilidad de las sedes diplomáticas, el diplomático argentino solicitó a la Corte Penal Internacional que actúe con firmeza para investigar los presuntos crímenes de lesa humanidad cometidos por el régimen de Maduro. Oyarzábal subrayó que los derechos humanos en Venezuela están siendo sistemáticamente vulnerados, mientras que las detenciones arbitrarias y los tratos inhumanos continúan siendo una constante.
La denuncia de Argentina resalta la creciente crisis de derechos humanos en Venezuela, cuya situación empeora a medida que el Gobierno de Nicolás Maduro intensifica las medidas represivas contra la oposición. La comunidad internacional y la CPI se ven ahora en la obligación de actuar para evitar más violaciones a la dignidad humana y asegurar justicia para las víctimas del régimen.


