Caputo enfrenta el impacto político por la renuncia de Lavagna y la crisis de credibilidad del INDEC
La renuncia de Marco Lavagna al frente del INDEC generó un problema inesperado para el Gobierno y golpeó la credibilidad del sistema estadístico argentino, un factor sensible tanto en el plano interno como ante los inversores internacionales. La decisión sorprendió incluso dentro de la Casa Rosada y alcanzó de lleno al ministro de Economía, Luis Caputo.
El conflicto se originó por las discusiones en torno a la publicación del nuevo índice de inflación, que modificaba la ponderación entre bienes y servicios. Desde el entorno del ahora exfuncionario señalaron que el quiebre no pasó por el resultado del dato, sino por la interferencia del Poder Ejecutivo en la autonomía técnica del organismo.
El impacto no tardó en sentirse fuera del país. En el ámbito financiero internacional, la salida de Lavagna fue leída como una señal negativa, en un contexto en el que el Gobierno intenta consolidar previsibilidad. La preocupación se centró en el daño a la confianza y en el efecto que puede tener sobre futuras decisiones de inversión.
En paralelo, el Ejecutivo atraviesa una semana clave en el Congreso, donde enfrenta dificultades para avanzar con proyectos sensibles. La negociación con gobernadores por Ganancias volvió a tensar la relación con aliados circunstanciales, que advierten pérdidas significativas de recursos para las provincias.
Mientras tanto, el peronismo profundiza sus tensiones internas, con disputas territoriales y amenazas de ruptura en distintos distritos. En ese escenario, la crisis del INDEC se suma a un clima político inestable que complica al Gobierno en su intento de ordenar la agenda económica y legislativa.