Chile encabezó una expedición diplomática a la Antártida con participación de embajadores de países con intereses estratégicos en la región, sin presencia argentina. La misión se desarrolló en la isla Rey Jorge y volvió a poner en foco la ausencia de funcionarios nacionales en instancias clave vinculadas al continente blanco.
La iniciativa fue organizada por el Instituto Antártico Chileno y contó con acompañamiento oficial de ese país. La falta de participación argentina contrastó con el discurso soberanista del Gobierno y generó inquietud entre especialistas, en un contexto donde Chile, Argentina y el Reino Unido mantienen reclamos territoriales superpuestos.

En paralelo, fuerzas chilenas y británicas realizaron ejercicios conjuntos vinculados al acceso y la logística antártica, una cooperación que volvió a encender alertas en Buenos Aires. Analistas advirtieron que estas maniobras permiten testear capacidades militares con impacto directo en el Atlántico Sur y en las islas Malvinas.
Desde el ámbito diplomático señalaron que no hubo explicaciones oficiales sobre si la Argentina fue invitada o si decidió no participar. A esto se suma una crisis interna en la estructura antártica nacional, con pérdida de peso político y operativo de áreas estratégicas vinculadas a Malvinas y la Antártida.
Mientras Chile consolidó su Plan Estratégico Antártico 2026-2030, con inversiones en infraestructura y una política de Estado sostenida, la Argentina continúa debatiendo proyectos clave como el polo logístico en Ushuaia, en un escenario regional donde la presencia territorial vuelve a ganar centralidad geopolítica.



