El Gobierno activó una ronda de conversaciones en el Senado para avanzar con las reformas que pretende debatir en las sesiones extraordinarias. La conducción del bloque oficialista será la encargada de establecer puentes con todas las bancadas, incluso con sectores que ya adelantaron su rechazo a los proyectos.
La prioridad estará puesta en acordar el esquema de tratamiento, ordenar el trabajo en comisiones y definir cómo se discutirá cada iniciativa. Aunque en la Casa Rosada dan por descontado que el bloque opositor más duro no acompañará, sostienen que el diálogo servirá para fijar reglas claras en el recinto.

El oficialismo sabe que no cuenta con los votos propios suficientes y que deberá apoyarse en gobernadores aliados. Cerca del Gobierno destacan que varios mandatarios provinciales mantienen una relación fluida con la Nación, pero recuerdan que el respaldo dependerá de compromisos concretos en obras y financiamiento, no solo de gestos políticos.
Por eso, en paralelo a las conversaciones legislativas, la administración nacional aceleró beneficios para distintas provincias, como la transferencia de activos, el impulso a proyectos de infraestructura y la habilitación de créditos internacionales destinados a agua y saneamiento.
Con ese telón de fondo, el Senado buscará avanzar primero con la reforma laboral y con cambios en la Ley de Glaciares, una demanda de varias provincias mineras. Sin embargo, el temario podría alterarse si la Cámara de Diputados acelera el debate del Presupuesto 2026, ya que el Gobierno quiere despachar la media sanción antes de fin de año.



