TENSIÓN FISCAL

Financiamiento Universitario: el Gobierno enfrenta un dilema fiscal y político

La aplicación de la ley pone en riesgo la meta de superávit acordada con el FMI y suma presión en medio de protestas universitarias

El Gobierno nacional atraviesa una etapa clave en torno a la Ley de Financiamiento Universitario, un tema que combina tensión política y fuertes implicancias fiscales. La norma, que debería estar vigente tras su aprobación legislativa, sigue en disputa judicial y podría ser finalmente definida por la Corte Suprema, aunque con pocas expectativas favorables para el oficialismo.

Mientras tanto, desde las universidades anticiparon un plan de protestas que incluirá medidas públicas y mayor visibilidad del conflicto. Este escenario complica aún más la estrategia de la gestión de Javier Milei, en un contexto donde el reclamo cuenta con respaldo social y es capitalizado por la oposición.

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El principal problema radica en el impacto económico de la ley. El Ministerio de Economía se comprometió con el FMI a alcanzar un superávit primario del 1,4% del PBI en 2026, pero el costo del financiamiento universitario podría representar cerca del 0,2% del PBI, es decir, entre 2 y 3 billones de pesos anuales. Esto afectaría de manera directa el equilibrio fiscal proyectado.

Hasta ahora, el Gobierno sostuvo el ajuste con la combinación de “motosierra y licuadora”, es decir, recorte del gasto y pérdida real frente a la inflación. Sin embargo, ese esquema empieza a mostrar límites ante la necesidad de actualizar salarios, sostener jubilaciones y asistir a las provincias, en un contexto de caída real de la recaudación.

Con este panorama, la implementación de la ley implicaría resignar entre el 15% y el 20% del superávit previsto, lo que pone en jaque el plan económico. El conflicto universitario, además, se consolida como uno de los frentes más sensibles para el Gobierno, tanto por su impacto fiscal como por su peso político.