Irán ratificó el control y las restricciones en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo, desafiando de manera directa el ultimátum de 48 horas lanzado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para liberar completamente la vía.
Desde Teherán aseguraron que el paso continúa habilitado para la navegación internacional, aunque bajo un estricto sistema de supervisión estatal, en un contexto de máxima tensión en el golfo Pérsico.
El representante permanente de Irán ante la Organización Marítima Internacional (OMI) y embajador en Londres, Ali Musavi, sostuvo que “el estrecho de Ormuz está abierto para todos, excepto para los enemigos”, en referencia a embarcaciones vinculadas a Estados Unidos e Israel.

Según explicó el funcionario, el tránsito marítimo solo es posible mediante la coordinación previa con las autoridades iraníes, que imponen medidas de seguridad y control en la zona.
En ese sentido, Musavi atribuyó la crisis a la “agresión” de la alianza entre Washington y Tel Aviv, y afirmó que el control del estrecho responde a la necesidad de defender la soberanía iraní frente a amenazas externas.
Pese al endurecimiento de su postura, el Gobierno iraní aseguró que la diplomacia sigue siendo una prioridad, aunque condicionó una eventual normalización del tránsito a un cese de las operaciones militares en la región.
Mientras se agota el plazo fijado por Estados Unidos, Teherán reiteró su disposición a cooperar con organismos internacionales y países aliados para garantizar la seguridad marítima, aunque dejó en claro que mantendrá su esquema de control sobre una de las rutas clave para el comercio global.


