El nuevo canciller argentino, Pablo Quirno, debutó al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores con una decisión que marca un giro en la política exterior. En el marco de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), la Argentina acompañó por primera vez a Estados Unidos en la votación sobre el embargo a Cuba, rompiendo así una tradición diplomática de más de tres décadas.
La resolución, que se presenta cada año para poner fin al embargo impuesto por Washington desde los años '60, contó con el voto contrario de Estados Unidos, Israel, Ucrania y, por primera vez, Argentina. Desde la década de 1990, todos los gobiernos argentinos —incluso durante la gestión de Carlos Menem— habían respaldado el levantamiento de las sanciones contra la isla caribeña.

El cambio de postura se produjo tras la renuncia de Gerardo Werthein y la asunción de Pablo Quirno, exsecretario de Finanzas y figura cercana al ministro de Economía, Luis Caputo. La votación fue también la primera acción internacional luego del triunfo electoral de Javier Milei, quien mantiene un estrecho vínculo con Donald Trump.
La salida de Werthein se precipitó luego de perder peso en las gestiones diplomáticas con Estados Unidos, donde las negociaciones principales quedaron en manos del equipo económico y de Santiago Caputo. Pese a haber concretado dos reuniones con Trump, Werthein no logró consolidar el control de la agenda bilateral.
Ahora, con Quirno al frente de la Cancillería, la Argentina se posiciona en línea con los aliados estratégicos del gobierno libertario, marcando una nueva etapa en su relación con Estados Unidos y alejándose del consenso latinoamericano en torno a Cuba.
La votación en la ONU refuerza el alineamiento político y diplomático del país con la administración norteamericana y deja en evidencia un cambio de rumbo en la política exterior argentina.
