La última sesión en la Cámara de Senadores, que aprobó el Presupuesto 2026, dejó en evidencia un papel deslucido de la Vicepresidenta, circunscripto a funciones formales. La conducción del debate se limitó a abrir y cerrar la sesión, controlar el quórum y ordenar el uso de la palabra, sin participación directa en las negociaciones políticas.
Con la renovación del Senado tras las elecciones de octubre y la incorporación de nuevos legisladores de La Libertad Avanza, la Cámara Alta reconfiguró su dinámica interna. En ese nuevo esquema, el kirchnerismo no logró frenar la sanción del Presupuesto y, en paralelo, el peso político dentro del oficialismo se desplazó hacia otros actores.
Durante la sesión, el seguimiento del debate quedó en manos del presidente provisional del Senado, Bartolomé Abdala, mientras que las gestiones para reunir apoyos, dialogar con la oposición y asegurar el respaldo de los gobernadores se realizaron fuera del recinto.

Ese rol fue asumido por referentes del Ejecutivo y del oficialismo, entre ellos Patricia Bullrich, Diego Santilli y Martín Menem, quienes encabezaron las conversaciones clave que permitieron avanzar con la ley. Tras la votación, celebraron públicamente la sanción del Presupuesto con mensajes que destacaron el equilibrio fiscal y el orden de las cuentas públicas.
En este contexto, desde la Casa Rosada buscaron mantener a la Vicepresidenta al margen de la actividad política cotidiana. La estrategia incluyó dejarla fuera de reuniones informales y de los encuentros políticos que el presidente mantiene con su gabinete.
De cara a lo que viene, la actividad política del Senado comenzó a concentrarse en otros despachos, con la mirada puesta en la reforma laboral que el oficialismo pretende impulsar en febrero, en un escenario donde el rol de la Vicepresidenta quedó limitado al plano institucional.



