Delcy Rodríguez cumplió este jueves su primer mes como presidenta encargada de Venezuela, en un escenario marcado por la intervención estadounidense y el encarcelamiento de Nicolás Maduro en Estados Unidos. Con escaso poder de maniobra, la dirigente chavista busca garantizar estabilidad política mediante un estilo menos ideológico y un discurso moderado, lejos de la retórica confrontativa que caracterizó al régimen anterior.
El cambio de etapa es evidente. El chavismo tradicional dejó de existir tras la caída de Maduro y dio paso a una conducción que combina utilitarismo político y diplomacia de supervivencia. Rodríguez gobierna entre dos presiones: la exigencia de Washington de mantener el orden y el ala dura del chavismo, que resiste la pérdida de privilegios y busca adaptarse a las nuevas reglas de poder.

En su primer mes, el gobierno avanzó con más de 360 excarcelaciones de presos políticos, anunció una ley de amnistía que podría incluir el cierre de centros de detención emblemáticos y promovió una nueva ley de Hidrocarburos que abre la industria petrolera al capital extranjero. También se registró una reducción parcial de la represión, medidas que hasta hace pocas semanas parecían impensadas.
La estrategia apunta a ganar tiempo y sostener la gobernabilidad. Venezuela quedó alineada a los intereses de Estados Unidos, con gestos concretos como el recorte del suministro de crudo a Cuba y la detención de figuras clave del antiguo esquema de poder. Analistas coinciden en que Rodríguez replica un modelo de decisiones rápidas para evitar reacciones internas y externas.
Sin embargo, el desafío central sigue siendo la estabilidad, especialmente frente a las Fuerzas Armadas y a una oposición que podría reorganizarse con la menor presión estatal. El factor tiempo también resulta clave: el chavismo residual apuesta a resistir mientras Trump enfrenta su propio calendario político, en una pulseada que definirá el futuro inmediato de Venezuela.



