Este sábado se cumplen 24 años de una de las jornadas más críticas y convulsas de la historia argentina reciente: el estallido social del 19 y 20 de diciembre de 2001, que culminó con la caída del gobierno de Fernando de la Rúa.

El desenlace se gestó en un contexto de recesión profunda, desempleo creciente y desesperación social. La chispa final fue el “corralito” financiero, anunciado el 1° de diciembre, que congeló los ahorros de millones de personas. La respuesta fue una ola de cacerolazos y protestas masivas con epicentro en la Plaza de Mayo.
Frente a la efervescencia popular, De la Rúa decretó el estado de sitio la noche del 19 de diciembre. La medida, lejos de calmar los ánimos, funcionó como un detonante. Miles desafiaron la prohibición y se congregaron en el centro porteño, donde fueron reprimidos con violencia por las fuerzas de seguridad. El saldo fue trágico: 39 personas fallecidas en todo el país y cientos de heridos.

Al mediodía del 20 de diciembre, con el país sumido en el caos y la plaza sitiada, De la Rúa presentó su renuncia y abandonó la Casa Rosada en helicóptero. Su huida marcó el colapso de un modelo y el inicio de una crisis institucional sin precedentes, que incluyó cinco presidentes en una semana. El grito "¡Que se vayan todos!", coreado en las calles, resonó como un profundo descreimiento hacia la clase política y cambió para siempre el rumbo de la democracia argentina.



