En noviembre de 1975, las dictaduras del Cono Sur comenzaron a coordinarse en secreto para perseguir, secuestrar y desaparecer opositores políticos más allá de sus fronteras nacionales. Lo que hoy se conoce como Plan Cóndor fue una red represiva transnacional que unió a Chile, Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay, inspirada en la Doctrina de Seguridad Nacional de Estados Unidos.
El operativo, liderado por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) de Chile, bajo el mando del General Manuel Contreras, aplicaba una represión sistemática contra militantes políticos, sindicalistas, estudiantes, periodistas e intelectuales. Las fuerzas armadas de la región adoptaron métodos aprendidos en la Escuela de las Américas y en la Escuela Francesa de guerra contrainsurgente, incluyendo secuestros, desapariciones forzadas, asesinatos selectivos y operaciones psicológicas, como la Operación Colombo de 1975, destinada a encubrir la violencia de Estado y disciplinar a la opinión pública.

Argentina replicó este modelo tras el golpe de 1976, consolidando una red de centros clandestinos de detención, la apropiación de niños y el saqueo de bienes, con plena integración a la estructura represiva del Cóndor, confirmada en documentos firmados por Jorge Rafael Videla. La participación de Estados Unidos quedó evidenciada con la colaboración de la CIA, el FBI y agencias militares, y con el uso de tecnología de comunicaciones cifradas provista por la empresa suiza Crypto AG, que permitió a Washington monitorear en tiempo real las operaciones represivas.

Hoy, casi cinco décadas después, expertos advierten sobre un Nuevo Plan Cóndor. Ya no se manifiesta mediante golpes militares, pero mantiene la misma lógica de control y subordinación regional, ahora a través de acoso económico, manipulación mediática y digital, difamación de líderes opositores y uso de aparatos judiciales.
Incluso recientes documentos de la administración de Donald Trump reorganizan la relación con América Latina bajo una lógica de subordinación y control estratégico, evocando la histórica Doctrina Monroe de 1823.
