Tras completar su recorrido alrededor de la Luna, la nave Orion de la misión Artemis II se prepara para la etapa más exigente del viaje: el reingreso a la atmósfera terrestre. La maniobra está prevista para este viernes por la noche y pondrá a prueba los sistemas clave diseñados por la NASA.
Durante el descenso, la cápsula ingresará a más de 40.000 km/h y soportará temperaturas cercanas a los 2700 grados, producto de la fricción con la atmósfera. En ese momento se generará una capa de plasma que provocará la pérdida temporal de comunicación con la tripulación, uno de los momentos más delicados de toda la operación.

El margen de error es mínimo. La nave debe entrar con un ángulo muy preciso: si es demasiado bajo puede rebotar en la atmósfera, y si es demasiado pronunciado, el calor y las fuerzas podrían comprometer la estructura y la seguridad de los astronautas. Por eso, toda la secuencia depende de una correcta orientación y funcionamiento del escudo térmico.
Luego de atravesar esa fase, Orion desplegará una serie de paracaídas que reducirán su velocidad antes del amerizaje en el océano Pacífico. Incluso en ese tramo pueden surgir complicaciones, por lo que la NASA contempla distintos escenarios y sistemas de respaldo para garantizar un descenso controlado.
El regreso no termina al tocar el agua. Equipos de rescate deberán esperar condiciones seguras para acercarse, asistir a la tripulación y trasladarla a un buque militar. Si todo sale según lo previsto, la misión marcará un paso clave para futuros viajes tripulados a la Luna.



