Las bajas temperaturas previstas para este fin de semana en Mendoza vuelven a poner el foco sobre distintos fenómenos meteorológicos típicos del invierno, entre ellos la nieve, la aguanieve y la lluvia helada.
Si bien muchas veces se utilizan como sinónimos, se trata de precipitaciones diferentes que se generan bajo determinadas condiciones atmosféricas. Según las descripciones del National Severe Storms Laboratory, dependiente de la National Oceanic and Atmospheric Administration, cada fenómeno tiene características particulares.
Qué es la aguanieve
La aguanieve es una precipitación intermedia entre la lluvia y la nieve. Este fenómeno ocurre cuando los copos de nieve atraviesan una fina capa de aire cálido y comienzan a derretirse parcialmente. Luego, al volver a pasar por una capa de aire frío antes de tocar el suelo, esas gotas se recongelan parcialmente.
El resultado son pequeñas partículas de hielo o gotas semisólidas que suelen rebotar al impactar sobre superficies frías.
Dependiendo de la intensidad y la duración del fenómeno, la aguanieve puede acumularse en calles, techos y vehículos de manera similar a la nieve.
Nieve: el fenómeno más fácil de identificar
La nieve se forma dentro de nubes muy frías, donde los cristales de hielo se unen entre sí para crear copos.
Para que la nevada llegue al suelo sin derretirse, la temperatura debe mantenerse igual o por debajo de los 0°C desde la nube hasta la superficie.
Por esa razón, la nieve suele presentarse durante los días más fríos del invierno y es uno de los fenómenos meteorológicos más esperados en zonas de montaña y regiones cordilleranas.

Qué es la lluvia helada y por qué puede ser peligrosa
La lluvia helada ocurre cuando los copos de nieve se derriten completamente al atravesar una capa de aire cálido, convirtiéndose en gotas de agua.
Sin embargo, antes de llegar al suelo, esas gotas atraviesan nuevamente aire muy frío, aunque no alcanzan a congelarse del todo. El hielo se forma recién cuando el agua entra en contacto con superficies que están bajo cero.
Esto provoca una peligrosa capa de hielo sobre calles, rutas, vehículos, árboles y cables eléctricos.
Cuando el fenómeno persiste durante varias horas, puede generarse una “tormenta de hielo”, situación que incrementa el riesgo de accidentes de tránsito y complicaciones en la circulación.
Por qué estos fenómenos vuelven con las olas de frío
Durante el otoño y el invierno, el ingreso de masas de aire polar y las condiciones de inestabilidad favorecen la aparición de este tipo de precipitaciones.
En zonas de montaña o sectores elevados, como ocurre habitualmente en Mendoza y la cordillera, la combinación entre humedad y temperaturas extremas puede provocar nevadas intensas, aguanieve o episodios de lluvia helada en pocas horas.

