Cada 10 de mayo se celebra el Día Mundial del Lupus, una fecha destinada a visibilizar una enfermedad autoinmune crónica que afecta a millones de personas en el mundo, en su mayoría mujeres jóvenes. El lupus se produce cuando el sistema inmunológico ataca por error los propios tejidos del cuerpo, causando inflamación y daños en órganos como los riñones, la piel, las articulaciones y hasta el cerebro. Sus causas exactas todavía no se conocen con certeza, pero se cree que es el resultado de una compleja interacción entre factores genéticos, hormonales y ambientales.
¿Se hereda el lupus? ¿Se puede nacer con esta enfermedad? Las respuestas aún no son absolutas. Lo que se sabe, según la Clínica Mayo y entidades como Sanitas, es que algunas personas nacen con una predisposición genética a desarrollarlo. Sin embargo, esta predisposición necesita un “disparador”: infecciones, medicamentos, exposición solar extrema o incluso el estrés pueden activar la enfermedad en quienes ya están genéticamente predispuestos. No existe, hasta el momento, un test genético capaz de predecir quién desarrollará lupus, por lo que el diagnóstico suele apoyarse en síntomas y análisis de laboratorio, como los anticuerpos antinucleares (ANA).
Aunque no tiene cura, el lupus puede ser controlado con un seguimiento médico constante y tratamientos adaptados a cada caso. Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la fatiga extrema, fiebre, dolor articular, erupciones cutáneas, fotosensibilidad y problemas renales. Su forma más común es el Lupus Eritematoso Sistémico, aunque existen otras variantes como el lupus cutáneo, el inducido por medicamentos y el neonatal. La buena noticia es que con atención adecuada, el 90 % de los pacientes pueden llevar una vida normal y con una esperanza de vida similar a la del resto de la población.



