El asesinato de Chiara Páez, ocurrido en mayo de 2015 en la ciudad santafesina de Rufino, marcó un antes y un después en la Argentina. La adolescente, que tenía 14 años y estaba embarazada, fue asesinada por su novio, Manuel Mansilla, quien luego enterró el cuerpo en el patio de su casa para intentar ocultar el crimen.
La desaparición de la joven movilizó rápidamente a vecinos, familiares y fuerzas de seguridad. Mientras todo el pueblo participaba de la búsqueda, el agresor intentaba sostener una coartada y fingía desconocer lo ocurrido. Sin embargo, las contradicciones en su relato llevaron a los investigadores hasta la vivienda donde finalmente encontraron el cuerpo.
La autopsia confirmó que la adolescente había sido víctima de una brutal golpiza y otras lesiones de extrema violencia. El caso provocó una fuerte conmoción social por la edad de la víctima, el embarazo y la crudeza del femicidio.

Con el avance de la investigación, la Justicia determinó la responsabilidad de Mansilla, que era menor de edad al momento del hecho. En 2017 recibió una condena de 21 años y seis meses de prisión por homicidio agravado. Sin embargo, años más tarde la Corte Suprema de Santa Fe anuló parcialmente la sentencia y ordenó fijar una nueva pena bajo el régimen penal juvenil. Finalmente, en 2023 la condena quedó establecida en 15 años de cárcel.
El crimen de Chiara se transformó rápidamente en un símbolo de la lucha contra la violencia de género. Menos de un mes después del femicidio, el 3 de junio de 2015, cientos de miles de personas marcharon en distintos puntos del país bajo la consigna “Ni Una Menos”, en una movilización histórica contra los femicidios y la violencia machista.
A más de una década del caso, el nombre de Chiara Páez continúa siendo una referencia central en cada reclamo por justicia y en los debates sobre violencia hacia las mujeres en Argentina.



