El Gobierno nacional puso en marcha una reingeniería silenciosa del sistema de seguridad que, más que un ajuste administrativo, supone un rediseño del poder estatal. La iniciativa, impulsada por Patricia Bullrich antes de su salida del Ministerio para asumir en el Senado, apunta a crear un organismo con atribuciones ampliadas y capacidad para absorber tareas actualmente dispersas en distintas agencias.
Migraciones, la primera pieza del reordenamiento
Uno de los primeros movimientos políticos fue el traspaso de la Dirección Nacional de Migraciones, que dejó de depender del Ministerio del Interior para quedar bajo la órbita de Seguridad. Ese cambio sienta las bases de la futura Policía Migratoria, un cuerpo compuesto por agentes con formación policial capaces de realizar detenciones y actuar ante alertas internacionales.
Desde el Gobierno sostienen que los civiles que hoy cumplen funciones en los pasos fronterizos carecen de herramientas para intervenir en situaciones críticas, lo que ha derivado en fugas y controles deficientes.
La Policía Federal y la idea de un cuerpo de elite
El rediseño también prevé una redefinición del rol de la Policía Federal Argentina (PFA). La fuerza dejaría tareas de patrullaje ferroviario para concentrarse en delitos complejos a través de un cuerpo especializado, presentado internamente como una suerte de “FBI argentino”.
La propuesta vuelve a escena con el argumento de que la multiplicidad de funciones resta capacidad investigativa a la PFA. En este esquema, las provincias asumirían la vigilancia rutinaria en trenes y espacios federales menores.
Ciberseguridad: disputa con inteligencia y nuevo foco operativo
Otro eje sensible del proyecto es la ciberseguridad. Seguridad busca absorber competencias que hoy están en manos de la SIDE, con el argumento de que las empresas privadas —principales víctimas de ataques informáticos— desconfían de recurrir a los servicios de inteligencia.
El Gobierno plantea que un organismo policial especializado permitiría respuestas más operativas y menos condicionadas por los niveles de secretismo propios del espionaje. Esta reconfiguración anticipa superposiciones y tensiones internas con otras agencias.
La iniciativa toma como referencia organismos de coordinación como el Departamento de Seguridad Nacional estadounidense (Homeland Security) y, en menor medida, esquemas británicos como el MI5. La premisa es integrar información hoy fragmentada entre Migraciones, fuerzas federales, inteligencia y organismos civiles.
Según el equipo de Bullrich, esa dispersión dificulta anticipar riesgos y genera espacios desordenados donde proliferan ineficiencias.


