Alejo Arias González se encuentra detenido en una cárcel de menor seguridad ubicada en El Salvador desde julio del 2023, acusado de formar parte de una banda colombiana que realizaba estafas. En los últimos días surgió una nueva esperanza para los familiares de volver a ver al joven oriundo de Rivadavia.
Sus padres, quienes jamás dejaron de luchar, habían perdido todo contacto con Alejo desde el momento en que fue capturado por las autoridades de ese país. Siempre aseguraron que “no hay pruebas en su contra para mantenerlo tras las rejas”. Además, se encargaron de enviar distintos pedidos de ayuda al mendocino Luis Petri, ministro de Defensa de la Nación, a Patricia Bullrich, ministra de Seguridad de la Nación e incluso el propio presidente Nayib Bukele.
En tanto, Alejo actualmente está en una cárcel con un régimen de menor seguridad llamado Penal Occidental Santa Ana, cerca de la capital de El Salvador, desde mediados de abril. Allí tiene mejores condiciones, un área al aire libre y puede recibir visitas así como llamadas telefónicas.
Esto sucedió gracias a una solicitud que envió el abogado del joven a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Dicho pedido surtió efecto y en junio habrá una audiencia donde el joven podría ser condenado por estafa y recuperaría la libertad, porque sólo recibiría una condena menor.
El singular caso de Alejo en El Salvador
Alejo se mudó a El Salvador en marzo de este año con una propuesta laboral de una financiera. Su objetivo era ir y reunir plata durante seis meses y volver. Como se explica en la carta, con ese dinero iba a pagarse la carrera de Radiología.
Sin embargo, él nunca supo que la empresa que lo había contratado era ilegal. El pasado 14 de julio fue detenido cuando la Policía lo interceptó en la puerta de su condominio. Lo acusaron de formar parte de una asociación ilícita de origen colombiana que se dedicaba al lavado de dinero y que era perseguida por el gobierno.
Capturaron a 110 sospechosos de esa supuesta banda. El único argentino es Alejo.
Actualmente, se encuentra detenido en el Centro Penal de Jucuapa en distrito de Usulután, una cárcel de seguridad intermedia, ubicada a 200 kilómetros de la capital de El Salvador.


