Por primera vez, el pollo se posicionó como la carne más consumida en Argentina, desplazando a la carne vacuna de un liderazgo que mantuvo durante décadas. El consumo alcanzó los 49,4 kilos por habitante al año, una cifra récord impulsada por la evolución de la industria avícola y los cambios en las preferencias de los consumidores.
El crecimiento del sector no responde únicamente a una cuestión de precios. La mayor oferta de productos, la incorporación de tecnología y la diversificación de los cortes disponibles también fueron determinantes para que la carne aviar ganara terreno en la mesa de los argentinos.
Cambiaron los hábitos de consumo
En los últimos años, el consumo dejó de concentrarse en el pollo entero y comenzó a orientarse hacia productos más prácticos, como pechugas, milanesas, alitas, patamuslos y alimentos listos para cocinar.
La rapidez en la preparación también se convirtió en un factor clave. Los consumidores priorizan opciones que requieren menos tiempo de cocción y se adaptan a las nuevas rutinas diarias.

Creció la producción y las exportaciones
La industria avícola argentina experimentó una fuerte expansión desde comienzos de los años 2000. La producción pasó de unas 700.000 toneladas a superar los 2,5 millones de toneladas, acompañada por una importante apertura de mercados internacionales.
Actualmente, la producción nacional llega a más de 70 países, consolidando al sector como uno de los principales exportadores de alimentos del país.
Además, tras superar los brotes de influenza aviar registrados en los últimos años, Argentina recuperó su estatus sanitario y trabaja para reabrir los pocos mercados que aún mantienen restricciones comerciales.
El mito de las hormonas en el pollo
Desde el sector también volvieron a desmentir una de las creencias más difundidas sobre la producción avícola: el supuesto uso de hormonas para acelerar el crecimiento de los pollos.
Los especialistas aseguran que esa práctica no se utiliza y que el rápido desarrollo de las aves responde al mejoramiento genético, una alimentación balanceada y los avances tecnológicos aplicados en la producción.
Gracias a estos procesos, un pollo destinado al mercado argentino alcanza un peso cercano a tres kilos entre los 44 y 46 días de vida, sin necesidad de tratamientos hormonales.
Una industria en expansión
La actividad avícola mantiene un crecimiento sostenido y produce alrededor de 1.000 millones de pollitos por año, volumen que permite abastecer el mercado interno y sostener el aumento de las exportaciones.
Con una oferta cada vez más amplia, productos adaptados a los nuevos hábitos de consumo y una industria altamente tecnificada, el pollo se consolidó como la proteína animal preferida por los argentinos y marcó un cambio histórico en el consumo de carnes del país.

