En los últimos dos años, el sistema científico argentino sufrió la pérdida de más de 7 personas por día, según un informe del Grupo Economía, Política y Ciencia (EPC-CIICTI). Entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025 se perdieron 5.750 puestos de trabajo, de los cuales 5.004 correspondieron a organismos públicos y 746 a empresas del sector. Más del 40% de las bajas afectó al Conicet, mientras que instituciones como INTI, INTA, NA-SA, Fadea, Arsat, Veng y Dioxitek también registraron descensos significativos en su personal.
En el Conicet, columna vertebral del sistema científico, se perdieron 2.088 cargos, incluidos investigadores, personal de apoyo, administrativos y becarios. El impacto más grave se observa en las becas, que se otorgan en menor cantidad que años anteriores, afectando el semillero de investigadores que alimenta los laboratorios del país.

Otros organismos públicos y empresas de ciencia y tecnología también experimentaron recortes severos. La Agencia I+D+i y la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología registraron bajas superiores al 40% de su personal. Instituciones como el Banco Nacional de Datos Genéticos, el Instituto Nacional del Agua y el INTI sufrieron reducciones entre 25% y 35%. En empresas como FADEA, Dioxitek, Veng y Arsat, las bajas alcanzaron entre 15% y 25%.
La tendencia continúa, con perspectivas preocupantes: los proyectos de investigación ya evaluados no recibirán financiamiento y las convocatorias futuras se encuentran paralizadas, lo que genera años sin recursos para investigadores y becarios. El valor adquisitivo del personal científico ha caído hasta un 40%, y muchos jóvenes profesionales consideran emigrar al sector privado o al extranjero.
El informe subraya que la justificación oficial de que el sistema está “sobre-expandido” no se sostiene al compararse con estándares internacionales. Mientras en Argentina trabajan tres personas dedicadas a ciencia por cada 1.000 económicamente activas, en países desarrollados el promedio alcanza diez por cada 1.000.
A pesar de los esfuerzos de algunas provincias y organismos para sostener la actividad científica, la situación evidencia un ajuste sin precedentes, con riesgos de pérdida de capital humano altamente calificado, disolución de grupos de investigación y paralización de laboratorios. Los recortes en la estructura de institutos, la venta de bienes del Estado y la suspensión de instrumentos de financiación consolidan un escenario crítico para el desarrollo científico-tecnológico del país.
Para 2026, el presupuesto no prevé mejoras, y se espera que la caída del sistema científico y los salarios continúe, profundizando la crisis en el sector.
