La reforma laboral consiguió media sanción en el Senado con 42 votos afirmativos y 30 negativos, en una sesión marcada por negociaciones y concesiones estratégicas. La votación significó un triunfo político para Patricia Bullrich y La Libertad Avanza, aunque se logró cediendo ante los reclamos de los bancos y la CGT, que aseguraron mantener ciertos beneficios económicos.
El oficialismo llegó a la sesión con el texto casi cerrado y los votos asegurados, evitando riesgos innecesarios y limitando los discursos a solo dos oradores. Durante la jornada, se hicieron ajustes para preservar las cajas sindicales, manteniendo un tope de 2% en las llamadas cuotas solidarias de los sindicatos, y se eliminó la posibilidad de que las billeteras virtuales administren los sueldos, asegurando así que los bancos mantengan el control de los pagos.

Estas concesiones permitieron que la CGT y los bancos obtuvieran avances significativos, mientras que el Gobierno logró diferenciar su postura frente a La Libertad Avanza. Según los legisladores oficialistas, los cambios responden a razones regulatorias: garantizar que el manejo de los salarios tenga respaldo institucional y no quede a cargo de cualquier aplicación digital.
La sesión también expuso la fractura interna del peronismo, que no pudo imponer su agenda y mostró tensiones con el bloque Convicción Federal, alineado con gobernadores peronistas fuera del kirchnerismo. Durante el debate, senadores cercanos a Cristina Kirchner acusaron a algunos colegas de traición por apoyar medidas que consideran contrarias a los derechos de los trabajadores, mientras los acusados defendieron su independencia y compromiso con las provincias que representan.
