Cubrir la cámara del celular con una pequeña cinta puede parecer una exageración, pero los especialistas en ciberseguridad aseguran que es una práctica útil para reducir el riesgo de espionaje. Diversos programas espía o virus son capaces de activar la cámara y el micrófono del dispositivo sin que el usuario lo note, lo que convierte a este gesto simple en una medida preventiva eficaz.
La advertencia se popularizó en 2013, cuando el exanalista de la CIA Edward Snowden reveló la existencia de herramientas de vigilancia capaces de acceder a cámaras personales. Desde entonces, figuras como Mark Zuckerberg y el exdirector del FBI James Comey reconocieron cubrir sus dispositivos por precaución.

Empresas de seguridad como AVG y Kaspersky confirmaron que existen softwares maliciosos con la capacidad de controlar cámaras y recopilar imágenes sin autorización. Por eso, los expertos recomiendan tapar la lente —sobre todo la frontal—, especialmente cuando el teléfono se deja sobre una mesa o conectado a una red pública.
Sin embargo, advierten que esta medida debe complementarse con buenos hábitos digitales: mantener el sistema operativo actualizado, evitar descargar aplicaciones fuera de tiendas oficiales, revisar los permisos de acceso y no abrir enlaces sospechosos.
Tapar la cámara no es una reacción exagerada, sino una acción de ciberhigiene básica para proteger la privacidad frente a posibles intrusiones. En un mundo donde los dispositivos están siempre encendidos y conectados, un pequeño trozo de cinta puede ser una gran barrera frente al espionaje digital.
