El Gobierno de Estados Unidos anunció un retiro parcial y selectivo de sanciones que durante años limitaron la exportación de petróleo venezolano, con el objetivo de reactivar la producción y permitir la venta de crudo y derivados a mercados internacionales bajo estrictos controles financieros.
La flexibilización se concentró exclusivamente en el sector energético y contempla una primera etapa de ventas inmediatas de entre 30 y 50 millones de barriles, con operaciones que podrían continuar de forma indefinida siempre que se realicen por canales autorizados y cumplan con la legislación estadounidense.
Uno de los ejes centrales del esquema es el control de los ingresos: los fondos provenientes de las exportaciones se depositarán en cuentas supervisadas por Estados Unidos en bancos internacionales, con el fin de garantizar trazabilidad y transparencia en el uso de los recursos.

El plan también habilita la importación de equipos, repuestos y servicios para modernizar campos petroleros, así como el envío de crudo liviano para mejorar la calidad del petróleo pesado y extrapesado venezolano, afectado por años de desinversión y deterioro operativo.
Además, el acuerdo incluye compromisos para mejorar la infraestructura eléctrica, considerada clave para sostener cualquier recuperación productiva. La implementación será evaluada de manera permanente y podrá ajustarse según la evolución política y económica del país, mientras que cualquier intento de eludir los controles quedará sujeto a nuevas sanciones.



