Las exportaciones chinas enfrentan nuevas barreras para ingresar al mercado estadounidense tras el endurecimiento de las políticas comerciales de Donald Trump, que reimpuso aranceles de hasta el 145% a productos provenientes de China. En respuesta, algunos fabricantes e intermediarios están recurriendo a una estrategia conocida como “lavado de origen”, enviando productos a través de terceros países asiáticos antes de su destino final: Estados Unidos.

Este método, que consiste en reexpedir mercancías con certificados de origen falsos o modificados, busca esquivar la carga impositiva que pesa sobre los bienes chinos. En plataformas digitales como Xiaohongshu, proliferan anuncios que promocionan servicios de transbordo y relabeling, ofreciendo alternativas para modificar el país de origen de los envíos, con especial énfasis en Malasia, Vietnam y Corea del Sur.
Las autoridades aduaneras de la región han comenzado a reaccionar. Corea del Sur detectó recientemente productos por casi 30.000 millones de wones con origen alterado, en su mayoría procedentes de China y dirigidos a EE.UU.. Por su parte, Vietnam y Tailandia también han anunciado medidas para fortalecer los controles de exportación y evitar la evasión arancelaria.
Desde el sector privado, empresas como Baitai Lighting, ubicada en Zhongshan, explican que muchas operaciones se hacen “franco a bordo”, lo que les permite desligarse de la responsabilidad una vez que las mercancías salen del puerto, generalmente desde Guangzhou o Shenzhen. Según admiten, el resto del proceso lo asumen intermediarios logísticos que operan en Malasia, donde se realizan cambios en etiquetas, embalajes y documentación.

Los vendedores logísticos consultados afirman tener acuerdos con fábricas locales que expiden nuevos certificados de origen, lo que les permite reexportar productos a EE.UU. bajo supuesta manufactura malaya. Aunque reconocen el riesgo, aseguran que las aduanas locales “no son muy estrictas” y que mantienen un control de volumen para evitar investigaciones.
La situación genera preocupación entre los aliados comerciales de EE.UU., que temen convertirse en vehículos involuntarios de este tipo de maniobras. En Malasia, el Ministerio de Inversión y Comercio advirtió que tomará medidas severas contra cualquier intento de fraude comercial, y que colaborará con Estados Unidos para garantizar la legalidad del comercio internacional.
Mientras tanto, asesores de comercio internacional señalan que el lavado de origen no es el único recurso utilizado para esquivar aranceles. También se ha detectado la práctica de mezclar bienes costosos con productos más baratos, para alterar el valor declarado de los cargamentos. Esta técnica, aunque más sofisticada, también constituye una violación de la normativa comercial estadounidense.

En el ámbito del e-commerce, ejecutivos de grandes vendedores independientes de Amazon admiten haber detectado envíos con información de origen modificada, lo que puede derivar en confiscaciones por parte de las aduanas estadounidenses. A pesar de las promesas de los proveedores chinos, muchos retailers prefieren evitar el riesgo de ser sancionados por recibir productos con valor o procedencia falsificada.
La escalada en estas prácticas refleja una tensión creciente en el comercio global y pone en evidencia las zonas grises del sistema internacional, donde la presión arancelaria de Estados Unidos ha llevado a algunos actores a buscar rutas alternativas, aún al filo de la legalidad.
